Mujer y VIH: «Se diagnostica más tarde, existe menos percepción del riesgo»

Bibiana Villaverde
bibiana villaverde VIGO / LA VOZ

VIGO

Oscar Vázquez

Pionera en la lucha contra el virus, es especialista en embarazo y menopausia. «En las pacientes hay más efectos adversos, porque estamos excluidas de muchos ensayos»

04 dic 2023 . Actualizado a las 12:06 h.

Por su consultan han pasado abuelas, madres e hijas, víctimas de VIH. Las abuelas, aquellas mujeres que morían de sida en los 90; madres, las hijas de estas pacientes, que nacieron con VIH contraído en el útero materno; y nietas, esas niñas sanas gracias a las medicaciones que permiten aislar el virus durante el embarazo y el parto. «Hace 20 años que nacen bebés sin el virus. Tratamos a la madre y al bebé y son embarazos naturales. Lo que no recomendamos es la lactancia». Hoy el VIH es una enfermedad crónica que, con tratamiento adecuado, es indetectable e intransmisible. Pero Celia Miralles (Vigo, 1954) no olvida a las familias enteras que murieron por sida —fase avanzada de la infección—.

Cuando en el año 1990 esta internista decidió cambiar su trabajo de hospitalización a domicilio por la atención a pacientes con virus de inmunodeficiencia humana, en los hospitales se marcaban los expedientes de los enfermos con una etiqueta roja. «Todo el mundo sabía que en esa cama había un paciente con VIH. Era discriminatorio también en el ámbito hospitalario, pero había mucho temor, se llegó a pensar que se transmitía por vía aérea». Se lanzó al vacío, apasionada por las preguntas que planteaba aquel virus, entonces sin cura, que afectaba a colectivos estigmatizados y vulnerables. «Los que estamos desde el principio somos gente con fuerte compromiso social, con una visión abierta de las relaciones sexuales. No estábamos para juzgar a nadie, solo para aliviar la situación sanitaria». En su caso también por sus fuertes convicciones feministas.

A punto de jubilarse, Miralles recuerda nombre y apellidos de la joven de 14 años que murió por negarse a tomar la medicación. «Reuní a la familia para intentar que la ayudaran, lo peleé, pero no hubo manera». Violaciones, mujeres contagiadas por sus maridos, jóvenes que contrajeron la enfermedad en sus primeras relaciones sexuales... La lista es interminable. Y aunque el VIH no entiende de género, esta especialista sí lo aplica a sus estudios, algo que le ha valido el premio de GeSIDA por su trayectoria. Miralles coordina el proyecto europeo She, red de apoyo de mujeres con el virus en 16 países europeos.

Aún a día de hoy, las pacientes son más vulnerables en la lucha contra la enfermedad. El virus se transmite sobre todo entre hombres, en su mayoría homosexuales. Según datos del 2021, el contagio a mujeres representa el 14 %, frente al 86 % de los varones. Sin embargo, las mujeres tienen tres probabilidades más de contraerlo en una relación sexual de riesgo por razones de anatomía.

En ellas también se detecta más tarde, lo que reduce la eficacia de los tratamientos. «En mujeres de 50 años o mayores que van al médico no se piensa en VIH, se les tarda más en hacer la prueba y se diagnostica más tarde porque existe menos percepción del riesgo en este grupo. Hace meses pasó con una paciente con neumonía, diarreas y fuerte pérdida de peso». Se está tratando de corregir haciendo serologías en urgencias a personas con patologías asociadas al virus, es el Plan Vihxia. «Todo el mundo debería hacerse la prueba. En España hay 130.000 personas que no saben que lo tienen».

Las mujeres sufren también más efectos adversos por las medicaciones. «En general las mujeres estamos excluidas de la mayoría de ensayos. A día de hoy la eficacia es igual en hombres y mujeres, pero no en cómo se tolera. Somos fisiológicamente distintos, por eso en las mujeres hay más efectos secundarios, sobre todo hace unos años, ahora las medicaciones son muy exactas».

En fases como la menopausia, la pérdida de estrógenos se suma a las alteraciones metabólicas del tratamiento. En el Cunqueiro hay talleres para pacientes positivas que se ponen en marcha conjuntamente desde la unidad de VIH y ginecología. «El trabajo de los pares es muy importante, que no solo hablemos los sanitarios. Las mujeres con VIH y menopausia tienen más probabilidades de tener depresión porque se añade el estigma, que sigue existiendo. Ayuda hablarlo entre iguales».

También en el plano íntimo hay grandes diferencias. Por lo general, ellas sienten más presión ante el diagnóstico. «Hay mujeres que no han vuelto a tener pareja sexual en décadas, que tienen 50 o 60 años y que fueron diagnosticadas a los 20 o 30 y que no son capaces de decirlo. En los hombres eso es muy raro. Hay que aclarar que en pacientes medicados no hay riesgo de contagio y se pueden tener relaciones sin preservativo y sin riesgo».

Aunque no existe una cura, ni tampoco vacuna, la medicación contra el VIH permite tener una calidad y esperanza de vida como la de un coetáneo sano. «Antes no intentábamos ni que dejaran de fumar, ¿para que? Hoy tratamos colesterol y riesgo cardiovascular. Tenemos supervivientes que tienen 80 años y están estupendos y activos». Ahora queda reducir la discriminación social y el estigma, que siguen existiendo. Para la intolerancia tampoco hay vacuna.

Su canción favorita

«Para la libertad», de Serrat. «Yo y mis pacientes seguimos luchando por la libertad y la igualdad, también de mujeres y del colectivo LGTBI. Que desaparezca lo de señalar a personas portadoras. Que nuestras elecciones sexuales no sean vistas como culpables de una infección que no hemos elegido».