«Eligieron entre salvar mi pierna o mi vida, agradezco que me eligieran a mí»

BAIONA

Álvaro Santalla regresó el pasado viernes a su casa, en Baiona.
Álvaro Santalla regresó el pasado viernes a su casa, en Baiona. Xoán Carlos Gil

Un joven de Baiona ya ha recaudado 25.000 euros para una prótesis después de un accidente de moto

05 jul 2021 . Actualizado a las 21:56 h.

Despertó en una habitación del Hospital São João de Oporto. «Llevas cinco días en coma», le explicó una médica portuguesa antes de advertirle que tenía una mala noticia para él. La recibió en la compañía de su familia. Álvaro Santalla (Baiona, 2000) sufrió un accidente de moto el 5 de junio a las 11.30 en Ponte de Lima (Portugal). Conducía un modelo NT 03 de Yamaha. Había salido junto a doce amigos, como llevaba dos años haciendo. Impactó contra un árbol y se seccionó la arteria de su pierna izquierda. Cuarenta minutos más tarde llegó la ambulancia que lo transportó hasta el centro hospitalario portuense, donde estuvo hasta el 22 de junio. En la cuarta intervención le amputaron la pierna izquierda. Las tres anteriores habían durado doce, diez y ocho horas. «Tuvimos que escoger entre salvarte a ti o salvar tu pierna», le dijo el personal sanitario. «Y yo cerré los ojos y les di las gracias por haberme escogido a mí. Y se las vuelvo a dar porque puedo seguir viendo a mi familia», agradece el joven desde su casa, ya en Baiona.

Un mes más tarde, Álvaro Santalla recauda ayudas, hasta 50.000 euros, para pagarse una prótesis. «Viviré hipotecado el resto de mi vida», advierte el vecino baionés para referirse a que tendrá que cambiar de prótesis cada seis años y que el precio por cada una es de unos 25.000 euros. «Son como un coche viejo. Es más rentable comprar una nueva que gastar dinero en arreglos», dice. Ayer ya había logrado 30.000 euros en 850 donaciones, pero ya piensa en ahorrar todo lo que pueda para futuras necesidades.

El joven asume su situación con admirable optimismo y con ganas de recuperar su vida. «No me importa vivir sin una pierna. Quiero continuar con mis rutinas de antes», explicaba por teléfono desde Baiona. De vez en cuando interrumpe la llamada para recibir apoyos de conocidos de todo el pueblo. «La gente aquí es una pasada», agradece. «Estando tumbado en medio del monte, de verdad, pensé que me moría. Recordaba las últimas palabras que les dije a mis padres. Por eso agradezco que hayan hecho cualquier cosa para poder seguir con vida», recuerda. Tres amigos intervinieron su caída antes de la llegada de la ambulancia.