Irene Arcos, la chica más deseada es gallega

Los vuelve locos. A ellos y a ellas. Irene Arcos, Verónica en la serie «El Embarcadero», protagoniza un triángulo amoroso cargado de sensualidad. A sus 37 años, tras muchos noes en los casting, enciende la Albufera y suspira por la tierra de su madre. «No puedo estar mucho tiempo sin respirar el aire gallego»


Durante toda la entrevista habla con dulzura y no deja de sonreír. Se nota que disfruta de este momento de éxito repentino después de muchos años intentando alcanzar la meta. Irene Arcos (Madrid, 1981) se expresa con la sencillez de quien todavía no se siente una estrella. Hasta confiesa que a su abueliña Josefina casi le hace más ilusión una entrevista en La Voz que su éxito en la serie de Movistar.

Por el cuerpo de Irene Arcos, la chica de El Embarcadero, que vuelve locos a hombres y mujeres, corre sangre gallega.

-En tu perfil de Twitter indicas como ciudades de referencia Madrid y A Coruña.

-Toda mi familia materna, mi abuela, mi abueliño, todos son gallegos, en concreto de la Ciudad Vieja de A Coruña. Mi padre es de Madrid pero lleva desde los 12 años veraneando allí. Desde pequeña paso los veranos en Galicia, donde mantenemos la casa. Y nací el 25 de julio, el Día da Patria Galega. Vine al mundo en Madrid porque mi madre no se atrevió a hacer el viaje. Me siento de los dos lados. Hasta hace poco decía ‘coger en el colo’. De pequeña en el colegio decía que era gallega.

-Sigues manteniendo el contacto.

-Sí, claro. No puedo estar mucho tiempo sin respirar el aire gallego. Me conecta con mis raíces, con momentos vividos, mi infancia, la adolescencia y los mejores recuerdos de los veranos… Le tengo muchísimo cariño. Cuando me preguntan un lugar en el mundo para perderme contesto: ‘A Coruña’.

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-A los 37 años te llega tu primer papel protagonista. ¿Por qué tanto tiempo?

-Pues porque llevo once años escuchando «no» casting tras casting. Me salieron algunos personajes secundarios y episódicos. El primero que hice fue en Los hombres de Paco y, cosas del destino, andaba por allí Álex Pina, director ahora de El Embarcadero.

-¿Resultó difícil conseguir este papel?

-Gasté zapatillas. Fueron tres semanas seguidas de pruebas. Te ibas por la noche y no sabías si te volverían a llamar al día siguiente. No fue fácil, fue peleado. Ahora está siendo el bum porque un papel así te permite asumir responsabilidades.

-¿Te cambió la vida?

-A nivel profesional me situó en el mapa, pero a nivel personal sigo cogiendo el metro y aquí no ha pasado nada. Cierto que me está llegando alguna oferta de cosas, pero todo es muy reciente. A día de hoy no puedo decir que me cambió la vida, pero espero que salgan más papeles.

-¿Qué te parece ser una de las mujeres más deseadas del país?

-Muchas gracias [se ríe]. Si tú lo dices… Pero no me considero la mujer más deseada de España [se sigue riendo]. No me acabo de ver como símbolo erótico, aunque hay ciertas escenas como las del arroz que pueden convertirse en referente. Lo que sí percibo es el cariño del público, que durante los ochos meses de rodaje es algo de lo que no eres consciente. La gente me pregunta: ‘¿Pero de dónde has salido? ¿Dónde estabas?’. Y yo les contesto que haciendo casting, escuchando una y otra vez «no» y volviendo a casa con la duda de cómo pagar las facturas.

-¿Te ves tan guapa en el día día?

-[Se troncha] Muchas gracias por el piropo. Es todo postizo. Me pusieron extensiones y el viento lo mueve todo el rato… Se ve más onírico que ahora, o en tu casa cuando te levantas por la mañana y no tienes el ventilador. Una cosa sí que es igual, siempre voy con botas. Cuando me dijeron el vestuario supe que no me iba a costar nada.

-Pasaste mucho tiempo detrás de las cámaras. ¿Cómo es posible?

-Acabé la carrera de Comunicación Audiovisual, me gustaba estar detrás de las cámaras. Pasé por todos los departamentos, técnico de sonido, de cámara, de montadora de videoclips, de auxiliar de cámara en una película de Milos Forman... Creo que todo el mundo de la profesión debería pasar por producción para ver cómo es el trabajo de verdad.

-¿Cuándo decides pasar al otro lado?

-Estaba trabajando en Hospital Central, de auxiliar de cámara, y me plantee qué quería ser. Recuerdo que estaba con el trípode poniendo cables y pensé: ‘¿Que hago?’. Tenía el gusanillo dentro. Desde pequeñita sabía que lo mío era ser actriz. Cogía los cuentos de casa y los interpretaba para toda la familia...

-¿Y qué hiciste?

-Me supo mal porque había acabado la carrera y tenía trabajo. Pero lo dejé y me puse a estudiar Arte Dramático. Para pagarme las clases hice de todo, de teleoperadora, de mil cosas. Pero me di cuenta de que ese era mi sitio.

-Pero desde que te decidiste a dar este salto tuvieron que pasar once años para verte como protagonista.

-Sí. Durante todo este tiempo fui haciendo cosas, personajes secundarios, episódicos... En teatro tuve más suerte. Trabajé al lado de Ana Diosdado y en obras como Trainspotting. Me hizo especial ilusión porque fuimos a actuar a A Coruña. Resultó especial.

-Me imagino que ahora, ni loca volverías a situarte detrás de las cámaras.

-También me gusta la parte técnica, los planos... Trabajé de fotógrafa en un periódico cuando estaba estudiando. Es muy bonito el trabajo de los operadores de cámara. En El Embarcadero lo que hacen es impresionante, la cámara es un actor más. Pero a lo que me planteas te digo que no. Estoy muy bien donde estoy y con mucha alegría de haberlo conseguido.

-¿Un sueño hecho realidad?

-Hace poco, antes de todo esto, estaba con un amigo dando una vuelta por los jardines del Palacio Real. Le dije: ‘Estoy pensando por dónde tirar, qué hacer, cómo seguir...’. Pero una vocecita interna me dijo: ‘No te rindas’. Lo de que los sueños se cumplen puede ser verdad. Ya lo fui a celebrar con mi amigo.

-Por ahora Movistar estrenó la primera temporada (8 capítulos) y en los próximos meses veremos la segunda. Verónica, tu personaje, es fundamental en la trama. ¿Os parecéis?

-Es mi cuerpo, es mi voz, pero ella tiene una inteligencia emocional más evolucionada que yo. Hay cosas mías y cosas de ella, que después de tantos meses de rodaje me han quedado. La pureza del personaje, lo bonito que mira la vida, me ha hecho darme cuenta de muchas cosas a nivel personal.

-Por favor, un spoiler para los que tengan ganas de más.

-Es que la gente, en vez de ir poco a poco, la devoró. Y ahora toca esperar. Puedo decirte que se van a producir una serie de acontecimientos por los que Verónica va a poner en duda certezas sobre las que basaba su forma de vivir, sus valores. En la segunda temporada veremos la lucha que ella tiene con sus sombras. Y también habrá bastante más acción.

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-Y no solo en España, parece que la serie triunfa en otros países.

-¡Está funcionando a nivel mundial! Se estrenó en otros países y la respuesta es buenísima. Habla de sentimientos y emociones, y eso conecta con cualquier cultura y con cualquier país. Impresiona mucho que no haga falta preparar las maletas para triunfar en otros países como tuvieron que hacer otros actores y actrices.

-¿ A quién admiras?

-Me gustan las actrices italianas. La Magnani, por ejemplo. Aunque tenemos físicos alejados me veo muy identificada. En España, muchas, Penélope Cruz es estupenda, Lola Dueñas, Susi Sánchez, Carmen Maura, Maribel Verdú, Aitana Sánchez Gijon… Y, de fuera, hay tantas…

-¿Se podría haber rodado «El Embarcadero» en Galicia?

-Es posible una Verónica por A Coruña o Allariz, que es otro lugar que me encanta. En la zona de Vigo estuve algunas veces pero la controlo menos. Lo cierto es que han conseguido una imagen espectacular de la Albufera. Tiene algo inquietante y bello. Te genera una vibración especial. Parece que hay dos cielos, el proceso del arroz, que vivimos tal cual. Ofrece un colorido único. Tiene algo. En Galicia también hubiese sido posible.

-Una curiosidad. Me dice una compañera que te encuentras clips por todos lados.

-Jaja. ¿Y cómo sabe eso? Sí, desde que soy niña me los encuentro, no los de Playmobil, sino de los de unir folios o papeles. Atraigo a los clips. Cada día me encuentro uno en cualquier lugar. Estuve en un volcán en Lanzarote y hasta allí vi uno. No entiendo el mensaje que me manda el universo. Es un acertijo que no entiendo.

-¿Qué haces con ellos?

-Antes los guardaba y algunos los iba regalando. Ahora no. Lo veo por la calle y no lo cojo, pero le digo «te he visto».

-Atraes a los clips y ahora a miles de personas.

-Jaja. Tampoco creo que sea para tanto, pero muchas gracias.

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