Yosi el de Los Suaves: «Acababa destruyendo los móviles a pisotones»

El músico, el alcalde de Oleiros (Ángel García Seoane) y la ilustradora Thalía nos cuentan por qué han decidido vivir sin teléfono


 Acaba de cumplir 71 años y estuvo casi 40 al frente del grupo de rock del que es sinónimo. Porque Yosi es Los Suaves y Los Suaves son Yosi. Lector de poesía incansable con la apariencia del eterno viejo roquero que siempre será, Yosi Domínguez no solo tiene un problema con el móvil, lo tiene con la tecnología en general.

 Para hablar con él, primero hay que escuchar el dulce acento argentino de su mujer Laura Lunardelli. Ella gestiona su agenda e, inevitablemente, sus llamadas, puesto que Yosi da el número de su esposa casi como si fuese propio. «No va a comprarse un móvil, porque ni siquiera le gusta el teléfono de casa», afirma Lunardelli, mientras explica cómo el cantante prefiere confiar en el contestador automático y seguir sentado en el sofá. 

MIRAR A LOS OJOS

No le gustan los teléfonos por una cuestión de contacto visual, de cercanía, por la incapacidad de mirar a los ojos que suponen. «Nunca me gustó utilizar el teléfono, ni siquiera el de casa, porque me da la sensación de que es como si hablaras con una persona con gafas de sol. A mí me gusta y siempre me gustó mirar a la gente a los ojos cuando le hablo», afirma Yosi, que añade: «De ahí que siempre me gustaran los directos. Porque veía perfectamente al público. Aunque pensaban que no, les estaba mirando, y me transmitían lo que sentían. Esto es lo que hace grande a la música en directo, la conexión entre los espectadores y el grupo. Mirar a los ojos es adentrarse en las rendijas del alma».

Pero esta aversión tecnológica viene de lejos. La llegada del ordenador fue su primer reto. «Mi mujer, que es periodista, me regaló un ordenador para estar más comunicados. Al final, lo único que hacía era entrar en una web llamada El cocinero feliz en la que ponían unas recetas de paellas con una pinta muy buena. Soy un fracaso con las máquinas y no sé hacer ni un huevo frito, así que le hice caso a un amigo que me dijo que lo mío no era la tecnología, sino escribir canciones», explica el de Los Suaves. Y, coincidirán los miles de fans del icónico grupo ourensano, ¡menos mal que le hizo caso!

Más tarde, con la aparición del teléfono móvil, lo volvió a intentar. Afirma que lo primero que pensó es que tenía un nuevo problema: «Me duraban escasas horas porque terminaba destruyéndolos a pisotones», cuenta Yosi. «Yo quería que mi móvil, mi ordenador, mi tableta, fueran como los de las películas, que dándole a un botón ya funcionara todo a la perfección. Pero lo que pasa es que las películas tienen lógica y la vida no», así lo explica el cantante de rock, y seguro que más de uno le da la razón en eso de que el cine infla un poco la idea de la tecnología.

El único avance que le interesa es el de la guitarra a eléctrica. «Hace mucho tiempo, una madrugada, un guitarrista negro, que en paz descanse, me estaba enseñando a tocar un blues y me dijo: ‘Abrázala muy fuerte, porque cuando una mujer te quiere se convierte en guitarra para estar muy cerca de ti’», descubre el de Los Suaves, y añade: «Por supuesto, después de la guitarra, el mejor invento es el rock and roll, porque tiene el ritmo del corazón de una mujer y el primer corazón que escuché fue el de mi mamá al llegar a este mundo».

SIEMPRE A MANO

Todavía hoy compone y vomita lo que siente sobre un papel escribiendo a mano. Aunque guarda una vieja Olivetti con un gran valor sentimental, apenas la usa. A pesar de que los que lo rodean afirmen que su letra es casi jeroglífica, Yosi ha escrito a mano todas las del grupo del que fue vocalista y además, en pocos días, verá la luz su primer libro, Canciones, algún desliz y dos o tres fotografías. Un doble formato que a modo recopilatorio incluye todas las canciones que lleva escritas hasta el momento, con fotos de toda su carrera y numerosas colaboraciones de compañeros músicos y de escritores y periodistas que aportan su visión de este excéntrico roquero al que nadie le hace cambiar de opinión, ni siquiera una revolución tecnológica.

Ángel García Seoane: «Non me cren cando lles digo que non teño»

Es de los pocos alcaldes, si no el único, que puede presumir de no necesitar teléfono móvil para desempeñar su cargo. «Ata hai uns anos non había móbiles e a vida funcionaba igual. Eu levo unha chea de anos no Concello e sempre me arranxei cos teléfonos fixos sen problema», explica Ángel García Seoane, alcalde de Oleiros (A Coruña). Dice que, si no está en su despacho, está en casa, así que todo el mundo sabe dónde localizarlo. Y en caso de que no lo hagan ?explica? «hai outras persoas que si as localizan e que me suplen perfectamente». «O único que fan os móbiles é capturar e entrampar á xente e metela nas redes, roubarlle unha gran parte da súa vida. Hai pouco saíu unha estatística que dicía que os que teñen móbiles utilízano un mínimo de cinco horas ao día, paréceme unha esaxeración, aquí van acabar todos chalados, porque todo iso afecta finalmente ao ser humano», indica el alcalde de Oleiros.

Está tan acostumbrado a que le pidan el número de teléfono como a explicar que no lo tiene ni lo quiere. «Non vou a un acto que non mo pidan. Dígolles que non teño e non me cren, dinme que os estou enganando, que o que non quero é dálo. Non teño. A min non me vai controlar a mafia internacional, se subo, se baixo, se me deito, se me levanto, se teño moza, se non teño...», explica García Seoane.

El alcalde es usuario de la playa de Bastiagueiro y señala que ha visto a gente paseando por el arenal más de una hora con el teléfono pegado a la oreja. «Gravísimo. Xa non hai diálogo, xa non hai nada. Ti vas a un restaurante e parece o Oeste, soa e todo Deus co teléfono. É tremendo. Hai psicose. Igual ca no coche, todo o mundo co teléfono, se te chaman e vas no coche xa chamarán», apunta. No necesita el móvil para nada, porque incluso el correo electrónico lo contesta a mano. «Escribo enriba do correo e ao día seguinte a miña secretaria contéstaos a través do ordenador; non vou caer nesa trampa miserable de que é imprescindible, porque non, estamos fastidiando a sociedade e a min o que me preocupa de todo son os máis novos».

En definitiva, el alcalde no le ve ningún inconveniente a no llevar teléfono encima. No necesita hacer llamadas urgentes ni a nivel profesional ni personal. Está convencido de que el día que pase algo, se va a enterar a tiempo. Así ha sido hasta ahora.

Thalía: «Yo no, pero ahora el que tiene móvil es el perro»

Thalía ya nos contó en YES lo feliz que se vive sin móvil, y cuando le preguntamos si continúa igual nos responde: «Con pequeñas variantes, ahora tenemos un móvil, pero es el del perro por si acaso se pierde. Fue para poder poner el número en la chapa, porque si pones el fijo tendrías que estar en casa esperando». La Señorita Pompis Feliz, que así es como se llama su perro, no se ha llegado a perder, pero sí que les ha dado algún sustillo en el parque. El teléfono móvil es más bien fijo, porque no se mueve de casa. Thalía, que se dedica a la ilustración bajo el alias de Perrilla, alguna vez lo usa para hacer fotos a las pinturas, pero se niega en rotundo a instalar el WhatsApp cuando se lo piden para enviarle fotos. «No, no, olvídate. De hecho no doy el número porque si no te fríen», explica esta artista, que desde ayer participa en la exposición colectiva Gaia que, con motivo del 8-M, acoge la galería Spazo, en Os Mallos, A Coruña.

Asegura que no hay problema para localizarla, suele pasar mucho tiempo en casa ya que es su lugar de trabajo, y además procura mirar el correo electrónico a diario. «Este año que empecé un poco desconectada de las tecnologías, y hubo una exposición a los que les costó un poquito ponerse en contacto conmigo, pero normalmente no suele haber problema, llaman y si no hay nadie, dejan mensaje o lo intentan en un par de horas», explica. Thalía dice que la sensación de estar en casa y que no suene el teléfono es una «maravilla». «Lo peor es que te acostumbras a que no suene, y cuando suena, a lo mejor estás haciendo algo y dices: ‘Me cago en la leche...’», cuenta Thalía, que está preparando una pintura para una galería de EE.UU. Hay quien no acepta su vida sin móvil y se lo ha intentado colar, como una amiga que les compró dos terminales, uno para ella y otro para su marido Jorge. «Me dijo: ‘Es para cuando os llame yo’. Pero nos duró lo que tardó en estropearse, un par de años», cuenta esta coruñesa, que asegura que no tener móvil evita que te entre la pereza a última hora cuando ya estás en la calle y has quedado para tomar algo. «Como no puedes avisar...», dice. Ella tiene muy claro que así se vive mucho mejor y más tranquila. «Si bajas al perro, paseas al perro».

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