Francisco, paciente con cáncer de mama: «Un día noté mojada la camisa y tenía una manchita»

Son casos contados, pero los hay. Con motivo del Día del cáncer de mama, en YES abordamos esta enfermedad desde el punto de vista masculino de dos gallegos que nos cuentan su testimonio


Si hay alguien al que no le sorprenda que los hombres puedan sufrir cáncer de mama, es a Francisco. «Cuando se lo descubrieron a mi padre sí que fue un golpe. Íbamos caminando por la calle y mi madre nos dijo: ‘A tu padre le salió un bultito en un pecho’. Automáticamente fuimos al médico y ya nos dijeron que era un tumor de mama. En ese momento fue una sorpresa muy grande, imagínate, te estoy hablando de hace veinte años», explica Francisco. Diez años después se lo descubrieron a él. «Yo ya estaba un poco al tanto -confiesa-. Un día noté mojada la camisa, miré y tenía un manchita, vi que tenía un bultito, como un granito, al lado del pezón, que de vez en cuando se me ponía húmedo, pero así estuve cerca de un año, iba a urgencias pero no le daban importancia».

Pasados unos meses le hicieron un análisis y un estudio, incluso una biopsia, pero el diagnóstico seguía siendo el mismo. Hasta el 22 de diciembre. Había acudido solo a la consulta del cirujano, porque en teoría le iban a explicar en qué iba a consistir la cirugía para extirparle el supuesto papiloma. «Me iban a quitar la aureola como con un papiloma, todo normal, pero de repente cambió todo. Me habían hecho una prueba, que se hace muy poco, y estando en la consulta llegó por correo el resultado: tenía cáncer de mama». Y continúa. «Al principio fue un golpe duro, para el doctor también. De no ser nada, pasó a ser todo. Afortunadamente se cogió a tiempo. En mi caso tuve suerte, y eso que tardaron; si me lo hubieran descubierto cuando fui, seguramente no pasaría ni quimio ni radio, igual con las pastillas se arreglaba, pero en esta vida nadie es infalible, y si no sale, no sale. A mí me hicieron de todo, incluso biopsia, y no salía».

Voy a la piscina, voy a todos lados sin mi teta. Lo asimilé bastante bien. En cambio, creo que en las mujeres es diferente

En poco más de dos semanas pasó por quirófano, se sometió a quimioterapia, radioterapia y comenzó con un tratamiento oral durante cinco años. «Mi padre lo había tenido pero sin quimio ni radio, solo pastillas, sin embargo, a mí me cazó de lleno, me dieron de todo. El hecho de hablar de tumor impone, a mí me descolocó, después si lo racionalizas y lo consideras como algo normal, lo llevé sin problema. Voy a la piscina, voy a todos lados sin mi teta. Yo lo asimilé bastante bien, llevo una vida normalísima, sin complejos, no afectó psicológicamente. En cambio, creo que en las mujeres es diferente, a mí me quedó una mancha donde me dieron la radio pero no me importa, pero en las mujeres yo entiendo que sea más problemático. El pecho no tiene color entre los hombres y las mujeres en este sentido. Yo puedo vivir sin pecho, no pasa nada, la gente ni se da cuenta en la ducha de la piscina, pero para una mujer que tiene una masa mamaria grande es tremendo», comenta Francisco.

ALGO FORTUITO

El hecho de que un tumor tan poco frecuente se repitiera dos veces en la misma familia, sobre todo siendo padre e hijo, llevó a los profesionales a estudiar el caso en profundidad. Lleva años sometido a estudios genéticos, y de momento, los médicos no han encontrado nada que relacionen su tumor con el de su padre, es decir, que les tocó la china en dos ocasiones. «Llevo años con el doctor Carracedo en diferentes estudios donde están mirando una posible transmisión de padre a hijo, por si hubiera un gen que lo relacionara, pero hasta ahora señalan que ha sido algo fortuito -explica-. Mis hijos tienen tantas opciones como una persona normal, como las tenía yo».

Me estaban explicando cómo iba a ser la cirugía para quitarme un papiloma cuando llegó el resultado. De no ser nada pasó a ser todo

Confiesa que aunque ha conseguido pasar página, «nadie te quita el miedecillo cuando estás esperando para entrar en la consulta de las revisiones». «Sinceramente, creo que la familia ayuda muchísimo a normalizar la situación. Es importante que te traten con mucho cariño, pero de una manera normal, que cualquier éxito tus hijos te lo comuniquen... media vida es eso. Nunca se lo agradeceré lo suficiente tanto a mis hijos como a mi mujer, para mí fueron mi salvación. Hay que darle el valor que hay que darle, no puedes ir hacia el otro lado, ¡oh, la enfermedad! La enfermedad es la que es, pero hay que procurar vivir una vida normal y disfrutarla. Yo llegaba a casa y estaba normal, no había compasión, porque a veces uno está: «¡Oh pobre, pobre!». No, pobre al principio, pero una vez que ya fuiste pobre, vamos a vivir y a disfrutar lo que podamos», señala.

Él lo está cumpliendo al pie de la letra. Dice que es imposible imaginar lo que le ha cambiado el sentido de la vida. «Aprecias lo que realmente vale la pena. Dices: «Lo importante era eso: poder disfrutar de la familia». A mí el tener cosas es lo que menos me importa, que también te gusta y lo quieres, pero las preferencias cambian», apunta a la vez que lamenta que haya que llegar a situaciones extremas para valorar lo importante.

Luis Antón Aparicio, jefe de oncología del Chuac: «Hasta los besos que damos cambian nuestra flora»

ROSA DOMÍNGUEZ

«Yo contengo multitudes» es uno de sus libros de cabecera. Impulsor del congreso sobre cáncer y microbiota, defiende la importancia de investigar el ejército microscópico de bacterias, hongos y virus que nos habitan

Con una vida dedicada a luchar contra el cáncer, Luis Antón Aparicio encarrila la recta final al mando del servicio de Oncología del Chuac embarcado en la organización del congreso sobre microbiota y cáncer que se celebrará el 30 de octubre en A Coruña.

-¿Por qué importa la microbiota?

-Cuando uno se mira a sí mismo se da cuenta de que no vive solo. Dentro de uno mismo tiene en simbiosis muchos otros organismos vivos. Nos beneficiamos mutuamente.

-En tiempos de covid, miedo da.

-No, se podría pensar que provocan infecciones y no es exactamente verdad. Tenemos dentro de nosotros un nutrido ejército microscópico. En su mayoría son bacterias, pero también hongos, levaduras, virus y fagos… No nacemos solos. Nacemos, vivimos y morimos acompañados por esos microbios. Los hemos ignorado, denostado, temido e incluso intentado destruir. Pero son importantes para nosotros y en parte somos lo que nos han permitido ser.

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