Aida y Bruno son de Barcelona, se enamoraron en Galicia y no dejan de volver: «Xinzo es el territorio de los mejores recuerdos de nuestra infancia. Somos unos enamorados de esta tierra»

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Bruno, Aida y el pequeño Leo, en el parque de O Toural de Xinzo, donde siempre vuelven en verano.
Bruno, Aida y el pequeño Leo, en el parque de O Toural de Xinzo, donde siempre vuelven en verano. ALEJANDRO CAMBA

Anterior al éxito de los veranos del norte, que se consolida como refugio climático en España, es el amor de Aida y Bruno, fieles desde el entroido en el que se enamoraron a un verano que tiene más encantos que playa, mar y chiringuito

24 ago 2026 . Actualizado a las 12:34 h.

Que «la belleza está en el interior» es un dicho que puede aplicarse, con razones numerosas como sus fiestas, a Galicia, que entre sus encantos veraniegos tiene más de 900 playas, las Rías Altas y las Baixas, mil ríos y enclaves de ensueño para ver las puestas de sol en el top de ese turismo que crece al calor a veces sofocante de Instagram.

Pero hay más. Y ese más que no es tan evidente como Santiago y Sanxenxo —que reinan en las preferencias de los turistas que nos visitan—, está en la Galicia interior. En las aldeas de A Limia el verano es de los que se fueron, de los que emigraron hace décadas o de sus hijos y nietos. El verano es regresar. De esa estirpe que se movió en busca de un horizonte laboral son Bruno y Aida —él de Xinzo, ella de Barcelona, de raíces gallegas los dos—, que se vieron en Xinzo de Limia por primera vez una tarde de verano y empezaron su relación como amigos, cuando ella tenía 14 años, 15 él. «Al veranear los dos en Xinzo, desde muy jóvenes nos fuimos cruzando... Al principio, fue una amistad a distancia, que mantuvimos por carta, porque tampoco había muchas opciones de plantearse una relación de pareja a distancia... Él vivía en Tenerife en ese momento en que nos conocimos y yo en Barcelona», sitúa Aida sobre los primeros veranos de su amistad en los tiempos del SMS.

En el entroido del 2016 se reencontraron «como adultos». Entonces, Bruno se había mudado a vivir a Suiza con la familia, y aquella amistad adolescente dio el estirón para convertirlos en pareja. Hoy, casados y con un hijo, Leo, no dejan de volver en la temporada cálida (todo el tiempo que sus trabajos lo permiten) a ese lugar de Galicia que los hizo enamorarse y del que nunca llegaron, siendo justos, a marcharse. Hoy quieren dar a su hijo sus mejores veranos.

Esta pasión tiene anclaje familiar. Las familias de Aida y de Bruno son de dos aldeas cercanas de la zona. «Galicia es el territorio de los mejores recuerdos de nuestra infancia, un paraíso de la naturaleza, de las primeras fiestas, de vivir cien por cien la cultura gallega, que llevamos dentro y vivimos siempre, estemos donde estemos. Somos unos enamorados de esta tierra», se declara Bruno. Comparte Aida su devoción.

Los dos han vivido en «muchos lugares». Y coinciden en que su «cultura en casa» es la gallega. «Antes de tener a Leo, en otras épocas en que teníamos más libertad para movernos, lo que siempre nos identificó fue esto, oír el gallego, estar con la gente de aquí. En Xinzo es donde realmente sentimos que estamos en casa», revela Aida dando color emocional a su elección, mientras el pequeño Leo no deja de hacernos foto con su minicámara pidiendo que nos juntemos más.

A Aida y Bruno, Xinzo los escogió, disfrazado de pantalla, para enamorarse. En prenda, Aida y Bruno eligieron Xinzo para casarse el verano pasado. Fue Mi gran boda gallega, casi tan larga y de interés como el entroido. Ni dudaron los más próximos que este sería el lugar elegido para su boda. Tras pasar por el altar en Galicia, después de sortear con la mitad de la familia y amigos los mil kilómetros que separan sus dos patrias, la pareja acaricia la posibilidad de vivir en Galicia ya de manera permanente, una opción madurada desde hace años pero en fase de boceto. «Casarnos aquí [en el pazo de Bentraces] era ponerle el broche a nuestra historia. A ella la criaron como gallega. Yo nací en Xinzo y me crie aquí. Los dos sentimos un vínculo muy fuerte con Galicia, tenemos la tradición familiar gallega, y a mayores nos conocimos y nos enamoramos aquí», explica Bruno. «Somos, allá donde estamos, promotores de la cultura gallega», refuerza Aida, que dice que «el lugar le dio magia a todo; fue la oportunidad de compartir nuestro amor por Galicia con los amigos que no son de aquí. Nuestra boda fue gallega cien por cien, ¡hasta tuvo su protagonismo el entroido!».

DEL ENTROIDO A LAS POZAS

Este carnaval, a sus 3 valientes años, Leo se estrenó como pantalla, disfraz que combinó con otro de dragón. Pero para abrir boca al entroido que, con cinco semanas es el carnaval más largo de España y un bien de interés cultural, ya cumplieron con la costumbre de pasar en Galicia parte de las Navidades. Manda mantener el sentido del hogar.

En verano, la estancia de esta pareja en la terriña de sus amores se alarga como los días. Aida y Bruno procuran llegar siempre a las tres semanas de verano en Xinzo. Este año han logrado superarse y alcanzar a venirse todo el mes. «Durante el año, hacemos escapadas breves a otros destinos, como Londres, pequeñas escapadas, pero con el tiempo cada vez nos apetece más estar aquí», cuenta Aida, que recalca que Leo ha hecho crecer sus ganas de pasar más tiempo en la Limia. «Aquí haces tribu, están la familia y los amigos de toda la vida, y gente en unas circunstancias parecidas a las tuyas, gente que tiene el mismo estilo de vida que nosotros, con los que compartimos cultura y tradiciones». El xeito.

«Los niños mayores se quedan jugando a la noche al escondite por las calles del pueblo, con las bicis y las linternas... El contraste con una ciudad como Barcelona es muy fuerte. Queremos que Leo tenga veranos como los que disfrutamos nosotros»

El xeito va con su filosofía de las vacaciones, que es poder desconectar del frenesí diario del resto del año y de las redes y el WhatsApp, con dejar en blanco la agenda y darse el regalo «de la pausa y el no saber que hacer, aunque siempre hay cosas que hacer». «Esas, son en realidad, las joyas del verano en Galicia, al menos en la interior.

Los abuelos de Bruno (ella de Os Pardieiros, él de Abavides) siguen viviendo aquí. Los de Aida no. «Los abuelos de Bruno son una de las razones para volver siempre», dice ella, que detalla que es en la aldea de su familia, donde se alojan cada verano, en Aspra. «Aquí en invierno viven tres personas». La población de esta aldea de la montaña donde están las raíces de Aida sube a unas 30 o 40 en verano, pero eso no quita la calma sin internet del lugar.

El verano atlántico crece en turismo, inspira colecciones de moda e incluso la colaboración de firmas de lujo, como Loewe, con artesanos de distintas zonas de Galicia. ¿Qué tiene este verano que les falta a otros?, ¿qué distingue sobre todo el verano de la Galicia interior? «Cada fin de semana en Galicia hay una fiesta, la del pulpo en O Carballiño, la de la empanada en Allariz, el Esquecemento en Xinzo... En naturaleza, tienes esa paz, esa desconexión en sitios con encanto que tienen el punto a favor de que no están masificados, porque no son tan conocidos a nivel internacional como la costa gallega», dice Bruno. «Mucha de la gente que veranea aquí es la que vuelve porque emigró o porque tiene familia aquí, y sigue enamorado, como nosotros, de los encantos de este lugar, que son más sentimentales que con ese atractivo de impacto que busca un turismo más visual y más viral», piensa.

Para Leo sus padres quieren este estilo de verano, este tiempo de pausa y de libertad. «En el interior de Galicia, en la provincia de Ourense, es quizá más típico ese verano de pausa. Al no tener al turista tipo, como que todo va más lento y está parado, y te ves sin nada que hacer... Pero con esa riqueza de poder descubrir sin que algo extraordinario atraiga a todo el mundo. Tú puedes descubrir la zona desde el desconocimiento y el no tener una expectativa marcada», advierte Aida.

Leo juega con sus primas en el jardín de la casa de Aspra. «Otros niños mayores se quedan jugando a la noche al escondite por las calles del pueblo, con las bicis y las linternas... Este tipo de cosas no se pueden hacer en muchos sitios. El contraste con una ciudad como Barcelona es fuerte», afirma Aida.

«No tener que hacer, que en las casas de la aldea no haya internet, te permite ''aburrirte'', ir con calma, e ir con calma descubrir. Te levantas y dices ''a ver qué me depara el día''. Cuando no hay nada, descubres de otra forma. Es la joya de la Galicia interior», subraya Aida. Pueden vivir el verano sin colas ni reservas. Sin plan. 

Para pueblo con encanto, Allariz. Para tapas y vinos, Ourense (desde la plaza de Hierro hasta la catedral). Para un baño, las pozas de Vilameá, por ejemplo. Siempre, Celanova. Para chiringuito, la playa de A Cova. Son solo algunas preferencias de esta pareja fiel a Galicia por su belleza interior.