Diecinueve carrilanas se echaron ayer por la tarde al agua para tomar parte en la quinta edición del descenso del Anllóns El Bosque do Allóns estuvo ayer más colorido que nunca. A las seis de la tarde había una congregación de fichas de parchís humanas, de clones de Pablo Picapiedra y de chicas vestidas con el traje tradicional que parecían querer emular los rituales del Ganges en la exótica India. Todos se tiraban al río bergantiñán sin importarles la temperatura del agua ni los tres kilómetros que les quedaban por recorrer hasta llegar a la meta. Diecinueve carrilanas acuáticas participaron este año en el descenso del Anllóns. Sólo un grupo de chicas se atrevieron a participar, las «pandereteiras acuáticas» fueron elegidas el grupo más simpático por el jurado.
INMA G. PARÍS