«Mucho ganaría Lugo si la muralla cayese por tierra». Este era, en 1905, el inquietante dictamen de parte de una comisión urbanística en torno a un debate que entonces encendía pasiones. Pero aquellos «espíritus progresistas», como los calificaba La Voz con cierto desdén, no pudieron con la fortificación cuyo gran enemigo ahora es el paso del tiempo... y algún temporal como el de los últimos días.
Jesús Flores