Patente de corso

Tolstói en El Rábano

Viernes, 17 de octubre 2025, 11:39

Cuando te das una vuelta por las librerías en España, sorprende –en realidad sorprende poco, porque estás acostumbrado– la desproporción en las mesas de novedades entre obras de aparición reciente y clásicos de toda la vida. Eso no ocurre en otros lugares, o tal vez allí la diferencia es menor. Aquí lo habitual es toparte con pilas de nuevos títulos, la mayoría de triste destino: nacen caducos y mueren sin haber vivido. Toneladas de papel con frecuencia destinado a la nada. Sin embargo, para dar con la reedición de un clásico hay que armarse de paciencia y perseguir la suerte en librerías de viejo o en Internet, o esperar a que alguna editorial valiente –como las ediciones de clásicos de aventuras que rescatan Zenda y Edhasa, sin otra ganancia que la dignidad de mantenerlos vivos– se atreva a devolverlos al lector.

Aquella era una redacción de periódico de canallas cultos, capaces de blasfemar o mentarte a la madre citando a Quevedo

No siempre fue así, y permitan que me recree un poco en la nostalgia. Que recuerde un tiempo a mediados de los años setenta en ... un Madrid que olía a tinta de periódico; o más bien en un periódico extraordinario que olía a Madrid: whisky, humo de tabaco, reporteros golfos y eficaces, chicas y chicos guapos. En aquel periódico, los clásicos subían a la redacción con toda naturalidad desde el maletero de un coche. Nuestro librero de guardia se llamaba José Bustillo, pero lo conocíamos como Bustillo, a secas. Aparecía por la redacción una vez al mes. Aparcaba cerca de Pueblo, en Huertas o Medinaceli. Abría el maletero y allí estaban los de toda la vida: Homero, Tolstói, Dante, Dostoievski, Shakespeare, Galdós, Ludwig, Zweig, Baroja… Amontonados como cadáveres en una película de Tarantino o como rehenes de un cártel mexicano, Bustillo los traía por encargo o los ofrecía elogiando éste o aquél. Los subía a la redacción y sacaba la libreta y el boli: nombre, título, deuda. Un trato de confianza, pues se pagaba a plazos. Aquella libreta de Bustillo, con sus cuentas y sus nombres –José María García, Raúl del Pozo, Jesús Hermida, Julia Navarro, Tico Medina–, contenía más historias que muchas novelas contemporáneas.

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Sobre la firma

Escritor, académico de la Real Academia Española y cofundador de Zenda.

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