De supervisor de operaciones para las compañías aéreas americanas en la terminal de Barajas a regentar un hotel rústico en Mazaricos. Ese fue el cambio drástico que experimentó la vida de John Paul Pritchard, un hombre nacido en Londres que desde hace cuatro años reside en Mazaricos. Y lo hace en compañía de su esposa, María de los Ángeles, y de sus tres hijos, Andrea, Zaret y Daniel.
Sobre los motivos que impulsó al matrimonio a tomar la decisión de dejar la vorágine de Madrid por la tranquilidad del municipio mazaricano, John Paul señaló: «Queríamos dar un giro a nuestras vidas. Hacía tiempo que buscábamos algo relacionado con el turismo rural y vimos algunas opciones por el norte de España en Internet, entre las que se encontraba la casa rural Santa Eulalia», apuntó.
Dicho y hecho. John y Ángeles cogieron el coche y vinieron a ver las instalaciones. «La primera impresión que tuvimos fue inenarrable», sentenció. Y añadió: «El color verde de esta zona no lo habíamos visto nunca antes. Daba la sensación de que el tiempo se había parado hacía cuarenta años y de regreso a casa teníamos claro que deseábamos residir en Mazaricos».
Cambiar una gran urbe por una localidad que apenas supera los 5.000 habitantes no resultó ser ningún trauma. «En Barbanza se vive a un ritmo mucho más pausado, donde no existen las prisas ni los embotellamientos de tráfico. No hay atascos y ves a la gente disfrutar de las cosas más cotidianas», apuntó John Paul Pritchard. Según él, «la única dificultad que tuvimos al principio fue conocer y hablar gallego, algo que mis hijos llevaron especialmente mal, pero ahora ya nos desenvolvemos con toda la facilidad del mundo».
Clientela
El matrimonio no se plantea dejar la comarca bajo ningún concepto. «No me voy de Mazaricos por nada en el mundo. Este sitio es ideal para vivir en familia», destacó. De hecho, la casa de turismo rural cuenta con una clientela muy importante que procede de la capital de España. «Lo primero que se le enseña al turista es a disfrutar de estos parajes. Es más, le puedo decir que los de fuera valoramos mucho más lo que ofrece esta comarca que los propios residentes» apuntó.
También quiso desmitificar la falta de programas de ocio y cultura que sí ofrecen las ciudades. «Es cierto, Madrid tiene teatros, salas de exposiciones y centros comerciales, pero también los hay en Santiago, A Coruña y Vigo, pero con una particularidad. En Madrid tardo tres horas en llegar a un sitio y lo hago crispado de los nervios, algo que no me sucede cuando estoy en Galicia».
Integración
La integración de John Paul y su familia en Mazaricos es completa. «A los dos días de haber llegado a casa para visitar a la familia me surge la sensación de agobio, polución y estrés y ya pienso en mi vuelta a la comarca. De hecho, mis padres vienen a visitarnos con más frecuencia que antes. Creo que se han enganchado a la tranquilidad que ofrece esta zona».
Sobre sus lugares favoritos, John Paul Pritchard citó los de A Curota, las dunas de Corrubedo, la ría de Muros-Noia, la playa de Carnota, pero su rincón favorito es, sin duda, la cascada de la Fervenza.
En lo que a gastronomía se refiere, este nuevo barbanzano no muestra especial predilección por el marisco o el pescado que ofrece el litoral barbanzano, «lo que más valoro es una buena tortilla de patatas hecha con huevos caseros». Para él, las diferencias entre las que se hacen en Barbanza y las de la capital de España son más que evidentes. «Ese color amarillo anaranjado no las tienen las de Madrid ni aunque las pintes».
Por eso, el hotel rústico mazaricano cuenta con pequeñas granjas donde se crían gallinas y conejos, además de un invernadero donde se cultivan diferentes hortalizas destinadas al autoconsumo.
Cuando el trabajo se lo permite, John Paul Pritchard prefiere hacer senderismo por las inmediaciones de Santa Baia acompañado de un buen libro. «La naturaleza aquí es generosa. Me encanta pasear y ver todas estas cosas que Madrid no me ofrece.