Puerto Naos ya respira, pero los gases tóxicos en esta zona de La Palma son una amenaza constante

ESPAÑA

Después de tres años sellado, el pueblo turístico recupera poco a poco la normalidad
01 jun 2025 . Actualizado a las 11:00 h.Pese a la ya cansina reiteración, Puerto Naos fue durante tres años un pueblo fantasma. Sellado a vecinos y comercios, con constantes visitas de técnicos para medir los gases, los pocos accesos fueron escasos y muy controlados. Y sus habitantes tuvieron que buscarse la vida o que les ayudasen a buscarla: las casas de los contenedores, alquileres, marcharse, viviendas de amigos o familiares... Fue una circunstancia larga, insólita y extraordinaria, extensible al vecino y más pequeño núcleo de La Bombilla, que creó desesperación, angustia y mucha incertidumbre. Una muerte en vida dilatada y silenciosa, siempre avivada en las redes por unos y otros. Y todo porque el volcán no fue solo lava, sino gases. Las coladas bajaron por un camino y las emisiones tóxicas parece que escogieron otro hacia el mar que pasa por los bajos de esta localidad turística, una de las tres principales de la isla junto a Fuencaliente y Los Cancajos. Un flamante hotel de 1.024 habitaciones tuvo que esperar al año pasado para abrir, y estaba listo en la erupción.
¿Y ahora? Todo vuelve a la normalidad, como en desescalada, palabra que aquí usaron para el covid y después para su aislamiento. Desde finales del verano pasado han ido reabriendo casas y negocios. Hay una enorme población flotante, de uso vacacional, que se va recuperando. Por las calles se ven medidores de esas concentraciones, sobre todo de CO2 que «creaban un escenario incompatible con la vida», como explicaba un técnico en una visita especial para un reducido grupo de prensa (La Voz, entre ellos) hace algo más de dos años y medio. Muchos animales (aves, ratas..) murieron por esas inhalaciones. Los bomberos siguen acudiendo con cierta frecuencia a realizar controles, y los vecinos miran en sus móviles las concentraciones, cómo suben y cómo bajan.
Una de ellas es Carmen Castro, que tiene con su familia el Beach Bar Puerto Naos, frente a esa playa de arena oscura y horizonte idílico. «Estuvimos cerrados 38 meses», explica. Ahora ha podido abrir un tercio del negocio, un bar y heladería. Solo ese 33 %, con lo que los helados comparten espacios con las bebidas. En el resto, en el sótano, hay gases, y mientras no se hagan reformas o cambie la situación, así seguirá. Además del medidor, tiene otro con un extractor conectado: si se disparan los números del peligro, se activa. Pero al menos están trabajando. «Otros negocios no han podido abrir», dice. Como el bar de Lali. «No hay manera, por las acumulaciones de gases en el sótano», describe, y los vaciados aún no han dado resultado. Y en esa parte inferior tiene dependencias necesarias para poder funcionar. Verá si se puede reestructurar la parte alta y continuar con un negocio que abrió hace 18 años. La ventilación y las medidas de control, en este y los demás casos, es crucial.
A Carmen y a Lali les preocupa que se les acaben la ayudas y los ERTE a finales de junio, o que aún no se haya cobrado (sí aprobado y publicado) el último paquete de aportaciones, pendientes de la documentación. O los requisitos que les piden de mantener al menos seis meses el alta de los trabajadores, a riesgo de tener que devolver dinero. O que les sugieran que pueden abrir en algún otro lugar, pero las aportaciones solo se reciben si siguen en Puerto Naos. «Y no es fácil reubicarse», dice Lali. Alguno ya o ha hecho, otro lo ha intentado, pero es complejo que empresas directamente vinculadas a un turismo como el de Puerto Naos puedan tener opciones en otros entornos y localidades. Es una situación compleja, que además se mira caso por caso porque la incidencia es variable incluso de una pared a la otra. Mientras las dos amigas hablan, los bomberos analizan las emisiones de una vivienda a pocos metros, algo que llama la atención del visitante, pero ellas lo comentan como algo normal. Al menos el 90 % de las viviendas, unas mil, ya están autorizadas, y este viejo puerto de pescadores va retomando su bullicio de siempre.