Galicia mira ya a los ojos de la cuarta revolución industrial

Nueve expertos gallegos en el ámbito de las nuevas tecnologías analizan la era de profundos cambios que se avecinan a la vuelta de la esquina. Todos coinciden en que la comunidad tiene talento y ventajas para competir si logra sentar unas bases sólidas y derribar algunos muros

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Galicia, a las puertas de la era de la robotización Nueve expertos gallegos en el ámbito de las TIC analizan el impacto de la cuarta revolución industrial

Redacción / La Voz

En su libro La cuarta revolución industrial, Klaus Schwab, el fundador del Foro Económico Mundial, sostiene que «estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes». Con mayor o menor énfasis, a lo largo de los últimos años han ido apareciendo publicaciones, ensayos e informes que alertan de la irrupción de una era que, de la mano de las nuevas tecnologías y fenómenos asociados como la digitalización y la robotización, transformará las relaciones sociales y económicas. Una etapa de profundos cambios cuya dimensión está aún por desentrañar. Para tratar de arrojar algo de luz sobre este difuso futuro, La Voz de Galicia reunió en la facultad de Informática de la Universidade da Coruña (UdC) a nueve expertos gallegos del universo académico y empresarial en ámbitos relacionados con las TIC.

 La mesa de debate orbitaba alrededor de una idea central formulada en clave de pregunta: ¿Tiene Galicia algo que decir a las puertas de lo que los economistas han bautizado como cuarta revolución industrial? La respuesta, unánime, insufla una dosis de optimismo de cara al futuro. Todos los invitados concluyen que sí. Que las tierras de Breogán cuentan con un enorme y valioso contingente de talento, pilar básico para afrontar los retos que plantea esta etapa disruptiva, un nuevo tiempo que además, apoyado en las TIC, difuminará el factor localización. Ya no será tan importante el dónde, sino el qué, el cómo y el cuándo. «Ahora mismo -sostiene Ramón Doallo, catedrático de la UdC y Premio Nacional de Informática 2018- en Galicia hay grupos [investigadores] de excelencia en IA, en supercomputación, en IoT, en procesamiento del lenguaje natural... Estamos listos para emprender este camino, no veo ningún retraso respecto de otras comunidades o de Europa».

Susana Ladra, profesora de Computación de la UdC, realiza un diagnóstico coincidente que, por paradójico que pueda parecer, pone el factor humano, su importancia, en el epicentro de este período de sublimación de las TIC. «Está claro que en este mundo tecnológico las fronteras físicas se desvirtúan y eso hace que dé igual que estemos en una esquinita del mapa. Eso -argumenta- no debería ser impedimento para que desde Galicia se puedan dar servicios a nivel internacional. Ahora lo que prima es el talento sobre la ubicación geográfica y creo que efectivamente tenemos mucho que decir».

En este punto, Jesús Echarri, CEO de Improving Metrics, y David Conde, CEO de Coinscrap y de Senseitrade, aportan sus experiencias en el mundo de la empresa para dar carta de naturaleza a esta visión. «Desde Galicia -afirma el primero- se está compitiendo a nivel mundial en un montón de tecnologías y sectores e incluso somos pioneros en muchas de ellas». Conde apela a su trabajo en los sectores fintech e insurtech (ambos vinculados al sector financiero) para poner en valor los activos con los que cuenta la comunidad gallega: «Creo que desde aquí se pueden hacer muchas cosas, porque hay talento, pero además hay otras ventajas competitivas, como pueden ser los costes salariales y de estructura».

 David Martínez Rego, doctor en Ingeniería Informática y cofundador de Data Spartan, defiende este extremo en la misma línea y lo fija como una de las oportunidades que se han de aprovechar en esta nueva era de cambio. «Nuestra estructura de costes -puntualiza- en relación con el talento es muy atractiva para el mercado global. Tenemos talento suficiente para emprender cualquier proyecto. Otra cosa es que nos lo creamos como país o territorio y eso es una cuestión sociocultural».

Susana Ladra recuerda el caso reciente de una empresa holandesa del sector TIC que acaba de instalarse en A Coruña después de que recibiese a dos erasmus procedentes de la facultad de Ingeniería de la UdC. «Se quedaron sorprendidos con su nivel y llegaron a esta conclusión de la que hablamos. Es que los egresados salen de aquí muy bien formados. Montaron su filial para aprovechar el talento y los costes laborales», defiende.

Surgen llegados a este punto las barreras a derribar, retos extra seguramente para Galicia y a mayores de los que ya plantea de por sí la cuarta revolución industrial. La tolerancia al riesgo y el miedo al fracaso, apuntan Martínez Rego y David Conde, uno de los secretos que explican por ejemplo el éxito de las empresas estadounidenses en los sectores TIC. También la capacidad de crear un ecosistema tecnológico, una misión en la que buena parte del protagonismo recae sobre las instituciones. «No hay ningún retraso en talento y la ubicación no es un problema -concluye Amparo Alonso Betanzos, catedrática de la UdC y presidenta de la Sociedad Española de Inteligencia Artificial-. Lo que sí es importante es la iniciativa política, el creerse que esto puede funcionar y aportar los recursos, la inversión, para que esto pueda despegar».

Ecosistema horizontal

Adina Dumitru, profesora de Psicología y directora del Campus Sustentabilidade de la UdC, abunda en la necesidad de impulsar un ecosistema horizontal que dé cobijo a todos los protagonistas de este universo al oeste del telón de grelos. «El tema no es tanto de talento ni de capacidad, sino de creación de ecosistemas, porque los actores de la innovación no son solo las empresas, las universidades o los gobiernos, sino las redes que se están tejiendo, que son las que crean la capacidad para que esta innovación trascienda».

Más allá de la creación de este ecosistema, lo cierto es que la cuarta revolución industrial representa un desafío, un reto mayúsculo, para el modelo económico de Galicia. Un sistema definido por un tejido empresarial muy atomizado y que adolece de tamaño. Al fin y al cabo, el 96 % de las firmas que existen en la comunidad son micropymes y no llegan a 200 las compañías con más de 500 empleados. De nuevo, los expertos TIC insisten en ver el vaso medio lleno, en ver las oportunidades por encima de los obstáculos. «El típico modelo de startup que todo el mundo quiere imitar es también una micropyme -explica Carlos Gómez, profesor de Lenguaje Computacional de la UdC-. Aquí es evidente que hay una cultura emprendedora y quizás lo que falta es el estímulo para conseguir que crezcan muchas de ellas». 

Sobre la fisonomía del mapa productivo, Echarri cree que quizás en unos años haya que explorar fórmulas de colaboración como las cooperativas o las asociaciones entre empresas para compartir servicios o equipos, mientras que Alonso Betanzos matiza que la atomización no es exclusiva de Galicia y subraya además que es posible implementar mecanismos para incorporar a las pymes a esta era tecnológica. «Esto lo estamos viendo también en Alemania, con un tejido muy potente de empresas pequeñas, y para ayudarlas se están creando redes y plataformas donde puedas encontrar a gente que investigue en los temas que te interesen como empresa. De hecho -expone-, hace poco surgía una iniciativa que se llama IA for All (inteligencia artificial para todos) que decidió crear una plataforma donde puedas optar a distintos recursos de investigación en tu país que puedan ser útiles para las empresas». 

Una plataforma llamada a poner en valor aquellos campos de investigación en los que se han alcanzado activos de cara al mercado. A este respecto, ¿tiene Galicia áreas en las que se signifique especialmente? ¿IA, blockchain, robótica, supercomputación, big data...? David Martínez Rego cree que Galicia puede producir valor en cada una de estas áreas, «pero no en todas esas áreas puede sacar productos al mismo nivel. La pregunta que debemos hacernos es en qué lugar de la cadena productiva queremos posicionarnos dentro de cada uno de estos campos»

Asistentes inteligentes

Amparo Alonso coincide en que Galicia es competitiva en todos estos ámbitos, pero advierte de que «no debemos dormirnos». Por su parte, Carlos Gómez se alinea con la tesis de sus colegas, pero también ve algún campo en el que es posible identificar ventajas competitivas. «Hay pocos territorios con un dominio razonable de tres de las lenguas más habladas del mundo [español, inglés y gallego, por su proximidad al portugués], y esto cuando trabajas en tecnologías del lenguaje, por ejemplo para desarrollar asistentes inteligentes, es una ventaja muy clara».

Más transferencia, más desarrollo de producto

La financiación y la tasa de transferencia, esto es, el conocimiento que se crea en las universidades y centros de investigación y que acaba generando riqueza en el terreno empresarial, sitúan en el centro del debate una cuestión sobre la que durante años se ha debatido largo y tendido en Galicia: la desconfianza entre unos agentes y otros. Ramón Doallo reconoce que en los últimos años se han hecho muchos esfuerzos para conectar a todos los actores, pero todavía hay mucho trabajo por delante. «Coincido con Amparo en que hay una cierta desconfianza por ambas partes. (...) A veces estas convocatorias que fomentan la colaboración incluyen una cláusula que favorecerá la participación de un grupo universitario, y parece que a veces como que te están cogiendo solo por sumar puntos, no porque te necesiten».

El CEO de Improving Metrics afirma que las universidades gallegas deben saber cómo dirigirse a sus compañías, mejorar en definitiva el acceso a su trabajo, a aquello en lo que son fuertes, mientras que su homólogo en Data Spartan cree que la empresa española debe acostumbrarse a compartir el riesgo desde el punto de vista económico, como ocurre en el modelo británico, cuando desarrollan un proyecto con un grupo de investigación universitario. Un punto este en el que coincide el primer directivo de Coinscrap, quien mantiene en la actualidad una activa colaboración, también económica, con la universidad gallega.

Antonio del Corral, físico, CEO de Cinfo y presidente del Clúster TIC de Galicia, mantiene por contra una tesis en cierto modo discrepante respecto de esta cuestión. En su opinión, la relación entre lo público y lo privado se estrechará en cuanto las tecnológicas gallegas empiecen a desarrollar producto. «La falta de transferencia no tiene nada que ver con la falta de confianza ni con el desconocimiento. Para mí ?subraya?, es una cuestión de modelo. Hasta ahora, las tecnológicas españolas no necesitaban I+D porque en la cadena de valor hay unas que investigan, otras que, apoyadas en ese trabajo, crean un producto, otras que lo distribuyen y otras que lo integran. Y lo normal es que la empresa española esté al final de la cadena, porque de lo que ha vivido en los últimos 40 años es de implantar en sus clientes españoles la tecnología que fabricaban otros».

Sostiene Corral que en cuanto se corrija esta disfunción y las tecnológicas gallegas y españolas empiecen a generar sus propias soluciones, la relación con la universidad se agilizará por las propias necesidades de unos y otros. «La proporción entre empresas de integración y de producto en una economía sana es 65-45, no 95-5». Una vez igualada la ratio, «la relación con el mundo científico viene de la mano», concluye.

Quién es quién

RAMÓN DOALLO BIEMPICA - Catedrático de Tecnología de Computadores

«Hay que mejorar el contacto con las empresas». Catedrático del área de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la UdC, Premio Nacional de Informática 2018 y cofundador de Torus Software Solutions, Ramón Doallo (Ourense, 1964) cree que es preciso mejorar la conexión entre universidad y empresa. «Hay una cierta desconfianza y no sé muy bien cómo hacer para mejorar ese contacto».

amparo alonso betanzos - Catedrática de Ciencia de la Computación

«Deberíamos tender más a compartir espacios». Amparo Alonso Betanzos (Vigo, 1961) es ingeniera química, catedrática de Ciencia de la Computación de la UdC y presidenta de la Asociación Española para la Inteligencia Artificial. En su opinión, los investigadores y las empresas«deberíamos tender más al networking, a compartir espacios y poder trabajar juntos».

david martínez rego - CEO de Data Spartan

«Galicia puede producir valor y generar productos». Doctor en Ingeniería Informática y cofundador y CEO de la firma londinense Data Spartan, David Martínez Rego (Ferrol, 1984) participó en el encuentro por videoconferencia desde la capital británica. Él ve mucho potencial en la comunidad gallega. «Galicia puede producir valor y generar productos, pero no en todas las áreas al mismo nivel».

Jesús echarri Maceiras - CEO de Improving Metrics

«Tener pequeñas firmas es una oportunidad». Jesús Echarri (A Coruña, 1982) se graduó en Ingeniería Informática para después fundar Improving Metrics, firma de la que es CEO. Es partidario de generar sinergias y alianzas para afrontar esta era. «Tenemos muchas pequeñas empresas, pero eso también es una oportunidad. A lo mejor hay que experimentar con distintos modelos de cooperación».

susana ladra González - Profesora de Informática de la UdC

«Ahora prima el talento, tenemos mucho que decir». Profesora de Informática, investigadora del CITIC y directora del Campus Innova de la UdC, Susana Ladra (Santiago, 1984) es una firma defensora de la formación y el capital humano que brota del sistema universitario gallego, un activo en esta etapa de cambio. «Ahora lo que prima es el talento, y creo que tenemos mucho que decir.

antonio rodríguez del corral - Presidente del Clúster TIC de Galicia

«Nadie se atreve a cambiar su fábrica en solo un año». Antonio del Corral (Oviedo, 1967), licenciado en Físicas, CEO de Cinfo y presidente del Clúster TIC de Galicia, cree que la cuarta revolución industrial no desatará un cambio tan hiperactivo como el que se está anunciando. «La economía de la robotización no va a ir tan acelerada; será un proceso gradual, nadie se atreve a cambiar su fábrica en un año».

CARLOS GÓMEZ RODRÍGUEZ - Profesor de Ciencias de la Computación

«Las humanidades nos dan el objetivo de las cosas». Profesor de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la UdC y Starting Grant sobre lenguaje natural, Carlos Gómez (Murcia, 1982) es partidario de incorporar las humanidades a la tecnología para evitar sesgos en la IA, por ejempo. «Las humanidades son fundamentales porque nos dan el objetivo de las cosas».

adina dumitru - Profesora de Psicología de la UdC

«Esta es, sobre todo, una transición sociotécnica». Adina Dumitru (Timisoara, 1981), profesora de Psicología y directora del Campus Sustentabilidade de la UdC, sostiene que la era que empieza a asomar obligará a reformular, por ejemplo, la estructura del mercado laboral para mantener los pilares del contrato social. «Esta es, sobre todo, una transición sociotécnica», explica.

david conde sayáns - CEO de Coinscrap y Senseitrade

«Tenemos una atractiva estructura de costes». Licenciado en Biología, diplomado en Empresariales, MBA y CEO de las firmas pontevedresas Coinscrap y Senseitrade, David Conde (Santiago, 1981) es un firme defensor de las potencialidades de Galicia por su combinación de talento y de costes. «Tenemos mucho talento y una atractiva estructura de costes, es indudable». 

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Manuel Blanco

Varios informes alertan de la desaparición de decenas de profesiones por la incorporación de autómatas y robots. Los expertos en TIC reunidos por La Voz creen que surgirán soluciones para evitar una ruptura social

En su inquietante Homo Deus, el historiador israelí Yuval Noah Harari describe un futuro turbador. Un mañana con tintes de distopía, en el que una nutrida parte de la población mundial pasa a integrar un ejército de desterrados. «En el siglo XXI -aventura- podemos asistir a la creación de una nueva y masiva clase no trabajadora: personas carentes de ningún valor económico. (...) Esta ‘clase inútil’ no solo estará desempleada: será inempleable». Harari habla de una suerte de apocalipsis de la robotización, del impacto inducido por una era en la que los algoritmos sustituirán a los humanos hasta dejarlos en tierra de nadie. Su tesis no es en absoluto original. En el 2013, los investigadores de la Universidad de Oxford Carl Benedikt y Michael Osborne publicaron un informe (The future of employment) que analizaba las profesiones que podrían desaparecer en las próximas décadas a consecuencia de este fenómeno.

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