Los riesgos de la reconversión del automóvil

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Fabricación del Volvo C40 Recharge, vehículo eléctrico tomado como modelo por la firma sueca para elaborar su informe
Fabricación del Volvo C40 Recharge, vehículo eléctrico tomado como modelo por la firma sueca para elaborar su informe VOLVO

06 feb 2022 . Actualizado a las 09:45 h.

Son 4.300 millones de dinero público, más 20.000 millones de inversiones privadas. ¿Se hacen una idea de la cifra? Por el doble de esa cantidad Mariano Rajoy tuvo que pedir en el 2012 el rescate de este país. ¿De qué hablo? Del Proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica de la automoción, es decir del PERTE que transformará la movilidad. Un futuro inmediato que podrá llegar a genera 140.000 puestos de trabajo. Excelente noticia, ¿verdad? Bueno, esto es como la lotería. Te alegras de que le toque a tu vecino, pero si te toca a ti, te alegras un poco más. Si tienes el décimo ganador, fantástico, y si no, pues tampoco pasa nada. Sin embargo, aquí no sucede igual. Si ganas, ganas, y si no, pierdes.

El PERTE cambiará radicalmente la tecnología. El modo de construir un vehículo con un motor de combustión tiene claras diferencias con uno eléctrico. Veamos algunos datos que podrían preocuparle. Tesla es capaz de generar 500.000 coches eléctricos al año con 12.000 trabajadores. La fábrica de Volkswagen en Wolfsburgo, de las más eficientes del grupo, necesita 25.000 empleados para producir 700.000 La compañía de Elon Musk tiene una relación de 42 coches por empleado, la multinacional alemana de 28. Raf Brandstätter, consejero delegado de Volkswagen, ha asegurado que, para alcanzar los ratios de productividad, no se deben transformar las plantas actuales, sino construir nuevas instalaciones. Es decir, las fábricas tradicionales pasan a ser estructuras industriales en vías de extinción. Unas morirán más rápido y otras de un modo más lento, pero la inmensa mayoría terminarán desapareciendo. Difícil que duren más allá del 2035, cuando se prohibirá la venta de vehículos nuevos de combustión en Europa. En el mejor de los casos, las nuevas fábricas nacerán al costado de aquellas llamadas a ser sustituidas. ¿Pero ocurrirá así siempre? Herbert Diess, el CEO del grupo Volkswagen, calcula que peligran 30.000 puestos de trabajo en su organización. Es decir, ni está claro que las nuevas fábricas estén en el mismo espacio territorial que las otras, ni que toda la plantilla pueda salvarse de la futura reconversión del sector.

Cuando el Gobierno afirma que se van a generar miles de puestos de trabajo no indica ni dónde ni cuándo, y mucho menos les dice a los trabajadores de la automoción del área de Vigo qué es lo que va a pasar. Tocará dialogar y abordar esto. Carlos Tavares, consejero delegado de Stellantis, avanzó que su lema será «más grandes pero no más pesados», más margen que volumen, e hizo algo más: anunció que negocia con Francia, Alemania e Italia, pero que en España nadie se ha puesto en contacto con ellos. Raúl Blanco, secretario general de Industria, lo desmiente.

Lo cierto es que, en diciembre, la Secretaría General de Investigación, aseguró que, con cargo a los fondos Next Generation, financiará con sesenta millones de euros la creación del Centro Ibérico de Investigación en Almacenamiento Energético, clave para el desarrollo de las aplicaciones industriales del hidrógeno verde. Galicia, como parte de la eurorregión que conforma con el norte de Portugal, debería haber sido una candidata más que solvente para ese proyecto. ¿Lo fue? No. ¿Pudo optar? No. ¿Existían criterios de adjudicación? No se conocen. ¿Fue un proceso transparente? No.

El PERTE del sector de la automoción es clave para el futuro de España, pero es aún más trascendental para Galicia. Al automóvil lo han metido en un complejo proceso de reconversión, así que esperamos que a Vigo no le ocurra como a Ferrol con el naval. Lo podremos evitar si aplicamos tres variables: tiempos adecuados, transparencia y criterios objetivos. Por ellos hemos de velar.