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Se calcula que el sector alcanza los 800 millones de facturación anual
23 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Las bodegas de vino de Oporto, en Vila Nova de Gaia, suelen abrir con una pequeña cola de turistas frente a la puerta. La visita, que hace quince años era gratis y apenas una excusa para vender vino, requiere ahora el pago de una entrada, que ya representa el 50 % de la facturación en bodegas como Cálem por turismo. Según sus datos, son las más visitadas del país, con 300.000 visitantes en el 2024, un 40 % más que en el 2018. Y con un 13 % más de gasto por persona.
Cálem es parte del grupo Sogevinus, que cuenta con sección propia de enoturismo. Su responsable, Maria Manuel Ramos, explica que «es una actividad reciente y aún queda mucho por delante. Empezó para promover el vino internacionalmente», pero, con los años, se ha convertido en una línea de negocio importante. Incluyendo visitas, eventos, estancias en sus ?cada vez más— hoteles y venta en tiendas propias, supone el 25 % de la facturación del grupo: 12,7 millones de euros, con 600.000 visitantes. «La empresa se transformó para incorporar este sector: abrimos nuevas instalaciones y también intentamos dar más valor añadido», comenta Ramos, que planea inversiones millonarias para este año.
Esta diversificación es especialmente necesaria en un contexto de caída mundial del consumo de vino, que se ha cebado con los oportos: sus ventas son un 20 % inferiores a las de hace veinte años. «Por eso queremos educar en su consumo, aportarle valor y generar otros ingresos», dice Ramos.
En el valle del Douro, patrimonio de la Unesco desde el 2001, la actividad es frenética. Decenas de productores han transformado sus quintas en hoteles y el turismo llega a la mitad de su facturación anual. Además, las ventas directas, sin intermediarios, aumentan los márgenes hasta el 70 %. Y a esto se añade un mercado más exclusivo, con un gasto por persona que supera entre un 20 % y un 40 % a realizado en otros tipos de turismo.
Solo en un año, el Douro ha recibido un 40 % más de visitantes, apoyándose en una imagen cada vez más exclusiva gracias a marcas internacionales como Six Senses, restaurantes de los mejores chefs portugueses y el diseño de arquitectos de renombre. «Pero aún queda mucho por hacer en términos de infraestructura y estacionalidad», apunta Ramos.
Sandra Tavares da Silva, enóloga, recibe visitas en sus bodegas del Douro y Lisboa: «hemos invertido y crecemos mucho cada año, impulsados también por el aumento general del turismo en Portugal. En el 2024, recibimos un 40 % más de turistas que en el 2023 y prevemos que el 2025 sea mejor». Atribuye este éxito al «fruto de un trabajo de hormiga de cada propietario, porque el interior sigue olvidado en las campañas turísticas».
«Yo sí noto un gran interés, por parte de entidades de promoción turística, en impulsar el enoturismo, que además encaja con nuevas tendencias: tranquilidad, historia, gastronomía, paisaje…», dice Ramos. Algo que atrae a visitantes de países con de alto nivel adquisitivo, como EEUU, norte de Europa o Brasil. «Hay muchos expertos en vino, pero otros solo buscan algo auténtico», apunta Tavares.
Madeira, mundialmente conocida por sus vinos fortificados, no se queda atrás: «Esto es parte de una estrategia de marketing centrada en diversificar la oferta y captar nuevos segmentos de mercado», comenta Sofía Veiga, de la Asociación de Promoción de Turismo de la isla. Así, «se promociona el producto (vino)» y se ofrecen experiencias «diferenciadoras» a unos turistas específicos, que buscan algo «auténtico, cultural y gastronómico».
Todos ellos se reunirán la semana que viene, junto a una importante presencia internacional, en la feria Wine Travel Week de Oporto. Esta edición se celebra tras la elección de Portugal como mejor destino de enoturismo del mundo, según la Feria Internacional de Turismo Gastronómico de Madrid.
Por ahora, uno de los problemas que aqueja la industria es la ausencia de una categoría de actividad económica propia, como denuncia la Asociación Portuguesa de Enoturismo en un reciente informe. Estima que el volumen de negocio anual es de 800 millones de euros, con 100.000 puestos de trabajo directos e indirectos y hasta 40.000 agentes económicos implicados (desde productores y embotelladoras hasta agencias de viaje, restaurantes u hoteles), pero creen que el sector podría impulsarse con regulación propia.