
Les distraigo, en este fragor electoral, con una actividad de la presidencia europea de España. Una actividad que pretende reivindicar la importancia pesquera —sobre todo en los mercados del mar— de la industria gallega, de sus empresas mixtas con terceros países con más abundantes recursos pesqueros y de sus empresas transformadoras. Alcancen estas últimas al congelado, la transformación y maquila del atún, las importaciones y las exportaciones de todo cuanto el mar da, la presencia cada vez más fornida de los fondos de inversión multinacionales, y también la presencia en aumento de otros inversores extranjeros en nuestras empresas mar-industria. ¡Subasta de peixe!
Como ponen de manifiesto los Informes Eumofa la oferta comunitaria de productos del mar viene sufriendo un descenso. Esta oferta se compone de la producción propia y de la importada de aguas de otros países, y en 2020 supuso 12,89 millones de toneladas, de las que cerca del setenta por ciento proviene de las importaciones, mientras que el 30 % de producción propia lo aporta la acuicultura (un 7,5%) y el 21,5 restante la pesca. En definitiva, la UE es deficitaria en productos del mar y depende de su importación de otros países y de las flotas de empresas mixtas.
Por ello ni se entiende ni se comprende que la pesca se encuentre residenciada en la comisaria de Medio Ambiente. Un hecho de donde nacen alguno de los desatinos con la pesca en aguas comunitarias, mientras que se amplían los cupos de importación sin aranceles de terceros países con pesquerías no reguladas. Por ello, resulta creativo y europeo el objetivo de la reunión de los ministros de Pesca de los veintisiete en Vigo: la descarbonización de la flota, con algunos avances. Por más que en realidad se pretenda una solución a los problemas de fondo y a diseñar un futuro para la pesca, como señala el ministro Planas en La Voz.
Problemas en el mar de compleja evolución y futuro incierto, si uno lo analiza con la perspectiva de cincuenta años. Para muestra el desarrollo en Marruecos de un sector pesquero propio, con 200.000 empleos y 2.500 millones de euros en exportaciones, o sus acuerdos con Rusia y China, además de las empresas mixtas con capital europeo creadas. En tiempos donde el finalizado acuerdo pesquero entre la UE y Marruecos, paralizado por los tribunales europeos por causa del Sáhara, ha sido de menor interés para los barcos españoles, que solo se utilizaron entre el 20 y el 50 % de las licencias disponibles. Nada que ver con aquel tiempo de épica frente a Marruecos de ribetes neocoloniales en los años 70 del siglo XX, bien por la extensión del mar territorial a setenta millas, los apresamientos de pesqueros y los difíciles acuerdos entre España y Marruecos, analizados con rigor y criterio por don Domingo Quiroga en sus Panes y Peces de La Voz de Galicia, con una selección disponible en Cadernos da Área de Ciencias Mariñas del Seminario de Estudos Galegos. Un mar en transformación.