El Camino que enamora a todo el mundo: «Nos gustan los paisajes marinos»

omar goris VIGO / LA VOZ

VIGO

Cuatro de cada cinco peregrinos que hacen la ruta portuguesa de la costa son extranjeros: 41.300 en lo que va de año procedentes de 143 países

12 ago 2025 . Actualizado a las 10:08 h.

El Camino de Santiago es una de las opciones más valoradas por los turistas extranjeros que visitan España. Hasta este mes de agosto, el conjunto de las rutas jacobeas han crecido un 7 % respecto al 2024, pero hay una que destaca sobre todas: el Camino Portugués de la Costa bate récords con un 19 % más de peregrinos. El trayecto que parte de Oporto, salta el Miño hasta A Guarda y pasa por Vigo enamora, sobre todo, a los extranjeros. Cuatro de cada cinco personas que lo transitan proceden de otros países. Es un trasiego constante (hasta 143 nacionalidades) que permite escuchar cualquier idioma del mundo.

De entre los 41.250 foráneos, destacan los estadounidenses (12 % del total) y alemanes (11 %). A algo más de distancia se sitúan los procedentes de países como Portugal, Italia, Polonia, Reino Unido, República Checa e Irlanda.

Para conocer el porqué de la predilección por el Camino Portugués de Costa al tradicional luso u otros, La Voz recogió en las inmediaciones del albergue público de O Berbés las impresiones de sus usuarios. A media mañana es habitual durante este verano encontrar una gran cola esperando a registrarse, con la incertidumbre de si tendrán sitio o no para pasar la noche. Cerrando la fila, el pasado jueves, estaba una pareja de franceses de 52 años, Nicolas y Nadège. Confiesan que su elección estuvo clara desde el principio por una razón: querían «disfrutar del mar». Nadège hizo el año pasado el Camino del Norte con un amigo y lo curioso es que, una vez llegaron a Compostela, decidieron hacer el Camino Portugués a la inversa, hasta Oporto. Allí conoció a Nicolás, con quien este año repite aventura.

Miriam y Daniel son una pareja procedente de Austria, ambos de 25 años. Sus motivos para hacer este trayecto fueron dos. «Nos gustan los paisajes marinos, dicen a bote pronto. La segunda causa fue más meditada: al caminar en agosto creyeron acertado hacerlo por la costa porque las brisas marinas rebajaría las altas temperaturas que aguardaban en España. Es la misma reflexión que hacen dos jóvenes de 21 y 18 años que se conocieron en plena andaina. Una, Marit, es originaria de Alemania y la otra, Marie, de República Checa. «Tras estudiar todas las rutas escogí este porque la temperatura es más agradable», razona la peregrina germana.

Clara y Enya son dos amigas alemanas de 18 años. Al cumplir la mayoría de edad y acabar el instituto, ambas querían hacer un viaje. De todos los posibles destinos, «de casualidad salió la posibilidad y no dudamos», sentencian sobre la vía portuguesa del litoral.

Matej, de 40 años, es croata. El pasado año hizo el Camino francés y le encantó. Una vez llegó a Santiago, no se lo pensó dos veces y se dijo a sí misma que repetiría para el siguiente. Prefirió el camino de la costa, también, por el contacto con el mar.

Thomas tiene 53 años y es estadounidense. Actualmente vive en Washington, pero es originario de Minnesota. Quiso realizar el Camino porque tenía ganas de viajar, correr una aventura y take the moment (aprovechar el momento). Descubrió la peregrinación a Santiago por conocidos americanos, pero también le influenció mucho su hija, que vive en Bélgica. Recomendaría mucho hacer el Camino de la Costa por la temperatura y la gente. 

El mar

Tomasz, polaco de 45 años, conoció el camino por un amigo de Facebook que lo había realizado hace años. Es la segunda vez que peregrina a Santiago, ya que primero hizo el Portugués de interior. «Al estar en vacaciones de verano preferí la costa, por la tarde me puedo ir a bañar», señala.

Sofia es una joven danesa. Esta es su primera vez, por ello meditó mucho qué opción coger. Se acabó decantando por la ruta que pasa pegada al océano Atlántico porque leyó que tenía menor dificultad. Ella tiene la percepción que hay un sector español al que les molestan los peregrinos.

En una línea crítica, cerca de la puerta del albergue, se encuentra Gabrielle. Es un experimentado caminante, que ya va por su novena compostelana. «En el de Costa hay pocos albergues públicos», apunta, pese a que en los últimos años se han multiplicado.

Una de las trabas de la realización de este trayecto, para muchos, sigue siendo el paso por Vigo. Las diferencias entre el Ayuntamiento y la Xunta de Galicia impiden desde hace una década que se señalice el trayecto por la ciudad con los típicos mojones. «Al entrar en la ciudad nos desorientamos un poco» o «dependemos totalmente del móvil para no perder la ruta» son algunas de las frases que repiten los peregrinos, que fácilmente acaban en la playa, a veces sin querer.