
Vivanco tomó las riendas de la bodega familiar hace diez años, propiciando multitud de cambios y creando una marca que ha conseguido convencer en poco tiempo a consumidores, mercado y expertos
05 jun 2015 . Actualizado a las 16:43 h.Rafael Vivanco lleva ligado a la cultura del vino desde que nació. Pero a la pasión heredada de su familia, el enólogo ha ido sumando la formación y el trabajo hasta ponerse al frente de una bodega que hoy lleva su sello personal. Partidario de la innovación, cree en la necesidad de ir más allá y evolucionar, siempre desde el respeto a la tradición.
-Cuenta en su web que de niño no le atraía del todo el mundo del vino. ¿Cuándo cambió de idea?
-Bueno, en realidad era más mi hermano a quien al principio no le hacia gracia el tema del vino, a mí siempre me ha llamado la atención. Pero es cierto que de niño ves a tu padre trabajar, todo el día fuera, y sí que lo ves un poco ajeno, pero luego, con once o doce años, enseguida nos empezaron a llevar a la bodega en verano, ya un par de semanas a trasegar barricas, un par de semanas a la viña, a vendimiar, otro par a la embotelladora... No mucho más, porque si no de algo que es bonito, que te hagan trabajar demasiado puede ser contraproducente a esa edad. Nosotros siempre hemos visto hablar del vino, tomarlo, probar diferentes, compartirlo con amigos...
-Así que con esos antecedentes era inevitable que tomara el camino de hacerse cargo de la bodega, ¿no?
-Sí, y aparte los viajes siempre los hemos hecho en familia mezclando el lado cultural y el de ocio con el vitivinícola. Desde pequeños lo hemos ido viviendo muy de cerca.
-¿Cómo ha sido el proceso hasta el momento actual?
-Siempre me había gustado la parte de ciencias y la ingeniería. Tuve claro que me gustaba la tierra, el campo, y me decidí a estudiar ingeniero agrónomo. Cuando se lo conté a mi padre le hizo mucha ilusión e incluso empezó a comprar y a plantar más viñedos. Después de la carrera cursé el máster de dirección de empresas, porque al final es una empresa familiar. Luego opté por especializarme en enología en Burdeos. Allí trabajé dos vendimias, antes de la enología y después. El segundo año, la añada 2000, tuve la suerte de realizarla con un bodeguero de los más prestigiosos de Burdeos, Hubert de Boüard, propietario del Château Angélus. Es de la zona de las marcas más importantes. Fue una gran experiencia, aprendí muchas cosas de cuidar el detalle, que el gran vino nace de viñas muy cuidadas, separando bien las variedades, el terruño, profundizando en ello.
-Tras toda esa formación y preparación. ¿Cómo fueron los inicios en la bodega?
-Cuando volví a La Rioja, en enero del 2001, mi parte delegó en mí la parte más enológica y vitícola. Lo que quise una vez allí fue aportar mi grano de arena haciendo buenos vinos, pero desde el viñedo. En la mayoría de las bodegas los enólogos en esa época eran solo de bata blanca, las bodegas prácticamente no tenían viñedo propio o muy poca cantidad, de modo que la mayoría dependía de lo que le llegara en época de vendimia. No se profundizaba más y nosotros hemos querido hacer justo lo contrario.
-¿De qué manera?
-Potenciando y conociendo las variedades, buscando qué terruños eran los más adecuados para cada una de esas variedades, comprando y teniendo más viñedo en propiedad para poder hacer los vinos que uno tiene en mente hacer... También ha sido clave innovar en elaboraciones, viajar mucho por el mundo para conocer diferentes zonas, hablando con bodegueros, yendo a ferias internacionales para traer a Rioja lo que poco a poco vas aprendiendo.
-¿Es complicado conjugar la tradición y la innovación?
-Siempre hemos actuado con el máximo respeto por lo riojano, pero tratando poco a poco de innovar en forma de hacerlo, sobre todo desde punto de vista técnico de suelos, de clima, de adaptaciones, manipulando menos, cuidando más la crianza, reservando más los aromas y lo que te da la tierra. Hemos tratado de evitar manipular demasiado en la bodega con crianzas demasiado largas, oxidativas o dominantes por el roble americano, que era tradicional en Rioja. Ese ha sido mi reto y de él nació Vivanco como marca el 29 de junio del 2004. A partir de ahí tampoco he dejado nunca de ir aprendiendo y conociendo un poco mejor. La marca ha cogido una buena trayectoria y el consumidor, el crítico y el mercado la están valorando muy positivamente. Creo que cada año lo hacemos un poco mejor.
-¿Cómo resumiría la evolución de la bodega desde que su padre delega en usted hasta el momento actual?
-Desde el momento en el que le planteé que hacía falta una bodega nueva, me permitió diseñarla a mi gusto. Es subterránea, se emplea la gravedad y no el bombeo para reducir la manipulación de la uva, que llegue lo más intacta posible, y utiliza cámara frigoríficas para la uva, algo en lo que fuimos pioneros. Lo primero que le transmití era que yo veía que había que plantar viñedos, creía en una adaptación de unas uvas que no existían en ese terruño, había que comprar tierra y plantar, porque no había esa variedad. Tradicionalmente estaban en otros sitios y enfocadas a volumen o para ser mezcladas, pero sin conseguir la máxima maduración y personalidad que podía ofrecer. Mi idea fue optar por la vía de intensificar, comprar, probar y arriesgar. En cuanto a la bodega, le dije que necesitábamos otra para trabajar en parcelas por variedades por separado porque si no en las bodegas tradicionales de depósitos más grandes era imposible separar nada. Al final no profundizabas nada en el reconocimiento.
-Insiste mucho en la importancia de cuidar los detalles.
-Es fundamental. Hay que cuidar la fermentación, que se hace en tinos de roble francés, cosa que tampoco es tradicional. Luego también hay una gama de vinos que se llama Colección Vivanco que son un poco mis caprichos en el sentido de decir ?voy a hacer un vino como realmente me apetece?. En pequeñas cantidades, pero voy a sacar lo mejor de cada año y voy a llamarlo así, colección Vivanco porque son vinos de colección y voy a mostrar lo que la gente desconoce de la Rioja: un 100 % graciano, un garnacha, mazuelo, maturana tinta que se ha recuperado... El primer vino dulce de Rioja lo saqué yo también. Estas experiencias que vas adquiriendo es como si fuera la Fórmula 1 con estos vinos más especiales y luego profundizas, conoces mejor la tierra y mejoras lo que es el vino crianza y reserva, dotándoles de conocimiento. Es lo queme apasiona y me gusta. En vino blanco también fuimos de las primeras bodegas que utilizamos el tempranillo. Siempre estoy abierto a cosas nuevas pero de calidad, eso es lo que quiero compartir con los consumidores.
-Incide mucho en el término innovación. Es una característica con la que se sienten muy identificados, ¿no?
-Sí, Rioja parece que es clásica, pero no, en los últimos diez o doce años ha evolucionado bastante. Me siento orgulloso de ser de esta hornada de enólogos más jóvenes que hemos querido introducir cosas de calidad pero innovadoras, así lo considero.
-Una de sus prioridades es también fomentar la cultura del vino.
-Exacto. Mi padre empezó a coleccionar y durante años hemos ido buscando todo relacionado en torno al vino: libros, prensa o útiles, pasando por arte, un poco de todo. Ese fue el germen del museo que tenemos y que está considerado por los expertos y demás museos como el principal en torno al vino a nivel internacional. Contamos con piezas de Mesopotamia, Grecia, Egipto, obra de Picasso, de Miró, etc. Muchas las mostramos también en nuestras etiquetas, porque nos gusta que la gente aprenda sobre lo relacionado con el vino, que seamos un vehículo en ese sentido. Aparte organizamos eventos con la fundación, hacemos convenios, publicamos libros y muchas más cosas. En eso nos diferenciamos, no nos quedamos solo haciendo vino, queremos ir más allá y compartirlo, lo sentimos así, nos gusta eso
-¿Qué proyectos tienen entre manos?
-Tenemos un proyecto arqueológico en Rioja Baja en altura, en la sierra, que es un microclima muy interesante. Hemos estado excavando y la bodega, que se considera la más antigua de Rioja, creíamos que era del siglo XI cisterciense, de los monjes, pero hemos encontrado sustratos romanos y parece que no queda ahí la cosa.
-¿Sabe el consumidor distinguir un buen vino?
-Cada vez gusta más aprender, comparar, seleccionar más, leer, seguir los consejos del hostelero. Lo reconoce y están dispuestos a pagar más por él.