El albariño Rosa Ruiz 2014 es un homenaje a la hija de Santiago Ruiz, continuadora del trabajo en una bodega centenaria
25 oct 2015 . Actualizado a las 05:15 h.Durante décadas Santiago Ruíz solamente tuvo vinos de O Rosal, elaborados con Albariño, Caíño blanco, Loureira, Treixadura y Godello, pero ahora, llega el Rosa Ruiz, primer monovarietal de Albariño que nace como homenaje a la hija del fundador, a su padre y a la historia de esta bodega, que se fundó en 1.860 y que fue remozada por Santiago Ruiz en 1.984, siempre en la misma casa del siglo XVII de San Miguel de Tabagón.
Viñas centenarias
«Con todo el cariño que le tenemos a nuestro vino del Rosal ?explica Luísa Freire, la enóloga y artífice de esta nueva marca? en estos años la bodega fue cambiando, modernizándose y el viñedo fue envejeciendo y creciendo, llegando, en muchos casos, a sobrepasar los 100 años. Así que, por fin, llegó el momento, cuando el corazón y las viñas nos lo aconsejaron, o casi diría que nos lo reclamaron, nos decidimos a elaborar este monovarietal de Albariño».
Larga crianza sobre lías
De las parcelas de albariño de O Rosal, una zona privilegiada en la desembocadura del río Miño, con un microclima especial de menor pluviometría y más horas de sol y suelos ricos en minerales y plantaciones en espaldera, que facilitan la ventilación de las uvas, se vendimiaron manualmente 6.000 kilos de uva de Albariño, en cajas de 10 kilos.
Con una cuidadosa selección manual y trabajando con los mejores medios técnicos y enológicos, para sacar lo mejor del terruño, se consiguió una materia prima de la más alta calidad.
«Este vino, añade Luisa, fermentó a temperatura controlada, después de una maceración prefermentativa en frío con nieve carbónica, durante 12 horas. Después tuvo una larga crianza sobre lías hasta la primavera. De ese modo extraemos al máximo los componentes aromáticos y los que nos dan sensación de dulzor en boca. A la vista tiene un color amarillo pajizo, limpio y brillante».
Una etiqueta original
Y si hace más de 30 años el vino Rosal de Santiago Ruiz revolucionó el mercado y adquirió fama por su original etiqueta, que representa un mapa muy sencillo, dibujado a mano para que los invitados llegaran al lugar donde se celebró la boda de una de sus hijas, este Rosa Ruiz no podía ser menos y así presume también de una etiqueta cargada de sentimientos, ya que representa la fachada exterior de la bodega con padre e hija asomados al balcón de la vivienda. «Una imagen que recoge la esencia de este vino: familia, legado, tradición, renovación y continuidad».
Este es un producto de edición limitada, del que en su primer año, se han elaborado algo más de 3.000 botellas. «Un vino que para nosotros es único, especial y que ha sido muy mimado y querido (continúa Luísa) porque es muy personal, floral y con una gran estructura en boca. Es un acompañamiento perfecto, no solamente para mariscos, pescados y arroces, sino también para acompañar las masas hojaldradas saladas o patés».
Una tradición centenaria
Rosa Ruiz, que desde el primer momento trabajó con su padre y que continua al frente de esta bodega, se emociona cuando habla de la nueva marca «porque para mí es una gran ilusión contar con un vino que lleva mi nombre, un caldo que habla de lo que somos, de nuestra personalidad y de la centenaria tradición vitivinícola de la familia».