Beiras, entre la defensa del autogobierno y la alianza con partidos no independentistas

Anova se debate entre permanecer en el partido que creó, En Marea, o irse con sus socios estatales

Imagen de Beiras del 2012, en la Asamblea de Amio
Imagen de Beiras del 2012, en la Asamblea de Amio

Santiago / La Voz

Uno de los motivos que provocó en el 2012 la ruptura del BNG fue la constatación, por parte de Beiras y de quienes se fueron con él de la asamblea de Amio, de que el voto nacionalista había llegado a su techo electoral y que, solo desde Galicia, no era posible alcanzar objetivos de izquierdas más allá de las aspiraciones de autodeterminación, o incluso esas. Era necesario, y así lo repitieron quienes crearon Alternativa Galega de Esquerda (AGE), sumar fuerzas con otros partidos nacionalistas españoles, e incluso con aquellos de ámbito estatal con los que se compartían ideales de política social y de ruptura con lo que Anova y sus socios llaman el régimen del 78.

Uno de esos partidos era EU. Con él llegó Yolanda Díaz, y con ella, un joven asesor, profesor de Políticas en Madrid. Se llamaba Pablo Iglesias. Entablaron amistad, hablaron mucho sobre el estado federal y la realidad de los pueblos sin Estado y con él se reafirmó Beiras en que era posible buscar aliados fuera de Galicia para lograr el autogobierno.

El primer ensayo fue AGE, pero su fracaso final empujó a Anova a dar un paso más allá y explorar en el espacio autonómico y estatal lo que tan buen resultado les había dado en las mareas municipales del 2015, en las que las siglas de los partidos se diluían en beneficio de un interés común que se alimentaba de la fuerza de muchas y diversas sensibilidades de izquierdas. Y nació En Marea.

En enero del 2017, cuando se constituyó el primer consello das mareas y hacia allí enfilaron las caras conocidas de Cerna, a los de EU se les atragantó el desayuno. Los de Podemos, nuevos en política, no tardarían en entender por qué. A Cerna se le culpaba de la ruptura de AGE, y a los que vivieron el proceso no se les escapaba que la convivencia entre el ala más nacionalista de quienes dejaron el Bloque y los partidos estatales iba a ser difícil.

Y así fue. La primera en reconocer en público que la fórmula del partido instrumental no era operativa fue Carmen Santos, ex secretaria xeral de Podemos Galicia. Lo hizo cuando ya había tenido varios desencuentros con Anova a raíz del problema catalán. «O noso modelo territorial é oposto ao de Anova, de maioría nacionalista», dijo en una entrevista en La Voz de Galicia. No fue el único desencuentro entre Anova y Podemos. Beiras, en más de una ocasión, abroncó a los diputados en Madrid por no dar visibilidad a Galicia y en una entrevista se preguntó si no habría que replantearse las alianzas con el partido de Pablo Iglesias.

Y sin embargo, Anova está claramente inclinada a favor del llamado sector crítico y se posicionó del lado de los diputados que apoyaron la tramitación de los presupuestos de Pedro Sánchez y en contra de su propia diputada, Alexandra Fernández. Bajo esos titubeos y esas contradicciones permanentes pervive su finalidad inicial; cree que solo con Podemos y con fuerzas como EU o ERC se pondrá alcanzar la «ruptura democrática» a la que aspira. Por el camino se fue dejando militantes. Ahora queda poco más que la dirección con su tesitura.

En ese difícil camino, Beiras basculó más de una vez entre su defensa del autogobierno gallego y el federalismo que defiende un partido, Podemos, que no es independentista. En los momentos más álgidos del procés, por ejemplo, el viejo profesor le reprochó más de una vez a Iglesias su indefinición y que no se posicionase claramente a favor de los independentistas catalanes.

En el momento de la moción de censura Anova vio una nueva oportunidad: una alianza entre el PSOE y Podemos que derrocase a la vieja derecha era un camino abierto hacia ese nuevo Estado de los pueblos en el que Galicia sería soberana.

Era un dardo envenenado, como se demostró cuando el PSOE presentó unos presupuestos tan nefastos para Galicia que los diputados gallegos en Madrid tuvieron que reconocer que no podían apoyarlos. Hasta que al final sí los apoyaron, todos menos Alexandra Fernández. Y Beiras y Anova, de nuevo en su difícil tesitura, decidieron que el fin justificaba los medios y que había ideales más importantes que «uns cartos a faltar nos orzamentos españois», como él puso en un tuit en el que le reprochaba a En Marea y a Alexandra Fernández su «non» a las cuentas estatales.

Un viaje desde el nacionalismo tradicional al sueño de una república gallega que pasa por unas alianzas en Madrid que para muchos supone poner a Galicia al pie de los caballos de fuerzas estatales a las que no les importa Galicia.

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