Ganaderos de A Capelada apuestan por la producción ecológica de carne

ANA F. CUBA CEDEIRA / LA VOZ

SOMOS AGRO

Ismael Durán, ganadero cedeirés de 36 años, en uno de los pastizales donde pasta su ganado
Ismael Durán, ganadero cedeirés de 36 años, en uno de los pastizales donde pasta su ganado CESAR TOIMIL

La mitad de las granjas de la sierra, entre Cedeira, Ortigueira y Cariño, han iniciado el proceso de reconversión y aspiran a lograr un sello propio

31 ene 2023 . Actualizado a las 16:44 h.

Unas 15 explotaciones de bovino de la Serra da Capelada se encuentran en fase de transición de la ganadería convencional a la ecológica. Son aproximadamente la mitad de las granjas existentes en este entorno, la mayoría asentadas en el municipio de Cedeira y alguna también en Ortigueira y Cariño. Apuestan por una producción más respetuosa con los animales y con el medio ambiente.

«Xa hai cinco ou seis anos que ando coa idea pola cabeza. Socialmente hai cada vez máis reticencias a consumir carne e a xente ten máis conciencia sobre o benestar animal e o coidado do entorno. Creo que no futuro vai haber cada vez máis mercado para o produto ecolóxico», explica Ismael Durán, ganadero cedeirés de 36 años. Así se lo planteó a sus compañeros en una reunión, hace unos meses, junto a los expertos en el tema con los que contactó, «que o ven moi viable». Lograron convencer a la mitad de los granjeros de la zona.

Su ambición va más allá: «O bo sería poder producir todos en ecolóxico e comercializar cun selo noso, e que a xente que compra nos supermercados ou nas grandes superficies saiba que consume un produto ecolóxico da serra da Capelada, moito máis saudable, con animais máis felices e un medio máis coidado». Aspira a conseguir una denominación de origen propia para la carne de terneros criados en los pastizales de esta sierra. «Eso sería imprescindible, pero es caro y hay que tener unión», apuntala Jorge Tojeiro, cedeirés de 36 años, que lleva ocho al frente de la explotación heredada de su madre, una actividad que compagina con el trabajo en un astillero.

«Ojalá pudiera dedicarme solo a esto, pero para vivir se hace justo —reconoce—. Somos unos privilegiados con el entorno y la forma de vida que tenemos». Para contar con una marca diferenciada se requiere una producción que permita abastecer el mercado durante todo el año, como apunta Durán. «Necesitas un volume grande de carne», recalca. De momento, quienes se han sumado a este proyecto afrontan dos años de transición, hasta poder lograr el certificado del Consello Regulador de Agricultura Ecolóxica (CRAEGA). «Os gandeiros tamén somos labregos porque temos as fincas, trátase de cambiar a forma de traballar, non podemos empregar abonos químicos de síntese», constata.

Los granjeros saben que al eliminar este tipo de fertilizantes «a produtividade dos pastos vai ser menor, e nunha pradaría na que podía haber 50 animais vai ter que haber 40, aínda que a superficie mínima por unidade [otro de los requisitos exigidos para la reconversión] aquí sempre se cumpriu de sobra», apunta Durán. A partir de ahora tienen que controlar al máximo el uso de medicamentos para tratar a sus reses y tampoco pueden alimentarlas con forrajes y piensos convencionales, que deben sustituir por la variedad ecológica y los cereales, más caros. «Os becerros van pesar menos, por iso ten que haber mercado e prezo para facer rendible a explotación», reflexiona.

Además de la rentabilidad económica, Durán defiende el papel de los ganaderos «como coidadores do medio, cunha mínima intervención para que funcione só o ecosistema, de forma natural». «A idea é que eu lles deixe a serra aos meus fillos como ma deixou a min meu avó», subraya, al tiempo que reivindica la dignidad de este oficio. «Venme de toda a vida e gustaríame que algún deles continuara nisto».

La falta de relevo generacional constituye uno de los problemas que afronta el sector en A Capelada. «Os que quedamos temos máis cabezas de gando», indica Durán. En esta sierra saben de ganadería extensiva y de trabajo cooperativo. Funcionan ocho o nueve sociedades agrarias de transformación (SAT), con un mínimo de tres socios cada una, lo que les permite organizar turnos de faena. Disponen de ocho pastizales, con una media de 70 cabezas cada uno, además de las que pastan por los pinares.

«Compartimos los pastos y el trabajo, pero cada uno tiene sus animales. Ahora, con el paso a ecológico, tenemos que programar mejor los cambios de pastizal para que se regenere, al no poder abonar», comenta Tojeiro, convencido de la reconversión. Los resultados tardarán en verse, pero el primer paso ya está dado. «Va a salir bien —vaticina—, cuando vino el personal de Inspección nos dijo que estamos en un entorno ideal para eso». «Se non sae ben, a culpa vai ser miña», dice Durán, feliz con su trabajo. «Vívese moi ben».