¿Estamos preparados para dejar de comer carne?

Los españoles se gastaron en el 2018 más dinero en carne que el año anterior y nuestro país sigue en el «top ten» de países más carnívoros; los expertos recomiendan reducir el consumo de estos productos en pro de proteínas vegetales que si se cocinan bien, pueden dar grandes satisfacciones hasta a los paladares más escépticos


Hablar de seitán la misma semana en la que la caza se convierte en un caladero de votos para un partido político que, según las últimas encuestas, va a dar el golpe en las próximas elecciones generales puede parecer una osadía (aunque ahí están los taurinos veganos para romper ideas prestablecidas...). Tampoco ayuda explicar las bondades del tempeh el mismo día que en el Congreso de Productos Cárnicos celebrado el Lleida se revelaba que en la cesta de la compra los españoles se habían gastado en el 2018 un 3,3% más de dinero en carne que el año anterior. Vamos, que España no piensa bajarse del top ten de países más carnívoros del mundo. Sin embargo, la OMS continúa en su empeño de que la sociedad reduzca (no que abandone) el consumo al menos de carne roja. Y, si el pollo y el pavo se hacen demasiado monótonos, hay alternativas vegetales que recuerdan a un filete o con los que podemos imitar una boloñesa para al menos engañar al paladar y salir airosos en salud. No en balde, como explica Miriam Martínez, miembro del Comité Asesor del Grupo de Médicos Veganos del Reino Unido, «las proteínas vegetales tienen los mismos aminoácidos esenciales que las proteínas animales y, además, ayudan a reducir el impacto medioambiental».

Las opciones vegetales no son infinitas, pero sí lo suficientemente variadas para que incorporarlas a la dieta no suponga ningún sopor. Además, cada vez es más sencillo encontrar estos productos en supermercados o tiendas de barrio. Ya no es necesario acudir a tiendas especializadas. Eso sí, los precios aún son más elevados que si nos compramos unas chuletas de cerdo. Pero vayamos por partes para desgranar qué beneficios obtenemos de estos alimentos que, sin ser nada novedosos, sí hace relativamente poco tiempo que han llegado a Occidente. Quizás, para quedarse. Y, ya advierte esta especialista a los más excépticos: «Son totalmente recomendables para niños».

Cómo empezar

Para empezar a acostumbrar el paladar a estos nuevos alimentos, lo mejor es el seitán. «Se prepara con gluten de trigo, por lo que no es apto para celíacos, y por ejemplo, si se aromatiza con pimentón recuerda bastante a un chorizo. Tiene una textura firme y, cortado en trocitos, es perfecto también para utilizarlo en un guiso. Pero también se puede tomar en forma de filete». Además, explica Martínez, «tiene muy poca grasa y pocos hidratos de carbono». Entre sus propiedades se encuentran el calcio y el hierro.

El tempeh es un derivado de la soja muy completo. «Se trata de granos de soja fermentados que quedan como un bloque. Cuenta con todas las propiedades de la soja: es rico en calcio, en hierro y el 20 % de su peso es proteína», mantiene la experta. Advierte de que tiene un sabor potente y que, para comenzar con estos productos, quizás no sea el más indicado porque es un sabor al que en Occidente estamos poco acostumbrados. 

En cuanto al tofu, uno de los clásicos desde que el vegetarianismo comenzó a coger fuelle, «se hace a partir de leche de soja que se cuaja hasta que se solidifica», comenta Martínez. Tiene algo menos de proteínas que el tempeh y su sabor es más suave. Según la profesional, muchas personas dicen del tofu que es soso «pero lo bueno que tiene es que absorbe los sabores de los alimentos con los que se cocina; por eso es perfecto para incluir en recetas de cocina oriental, con sabores muy concentrados». La soja texturizada es otra de las opciones que podemos plantearnos incluir en nuestra dieta para reducir el consumo de carne. «Procede de la cocina occidental, existe más o menos desde hace 150 años, y se hace a partir de harina de soja seca que se rehidrata», dice Martínez, para añadir que «es menos interesante que el resto de productos porque es industrial, pero saca de un apuro y para hacer hamburguesas, albóndigas o una boloñesa es una opción perfecta».

dos opciones fáciles y rápidas para escépticos

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