Los cócteles ahora se llevan a domicilio

La pandemia ha derrumbado la última barrera física que separaba los mundos de la gastronomía sólida y la líquida. Pocos eran los clientes que se atrevían a solicitar los tragos para llevarse a casa, y muchos menos los que los pedían desde su propio domicilio. La hostelería poscovid ha ampliado su oferta y estos son algunos de los ejemplos del éxito que está recabando


La pandemia ha derrumbado la última barrera física que separaba los mundos de la gastronomía sólida y la líquida. Pocos eran los clientes que se atrevían a solicitar los tragos para llevarse a casa, y muchos menos los que los pedían desde su propio domicilio. La hostelería poscovid ha ampliado su oferta y estos son algunos de los ejemplos del éxito que está recabando.

Bordello Punch: Sostenible y efectivo en la conservación

Desde sus inicios, Bordello Opium & Tea Parlour ha ofrecido múltiples alternativas a la hora de presentar sus creaciones. Incluso ha jugado con el concepto de emplatado-envasado en sus cartas y menús degustación. Pero el trago embotellado ha sido uno de los elementos que ha permanecido de un modo u otro.

Su última receta incluida dentro de una botella es el Bordello Punch, lanzado apenas hace unas semanas, con el regreso a la actividad tras el cierre forzado por la expansión del coronavirus.

«Siguiendo con nuestro compromiso de reducir residuos, reciclamos botellas y ofrecemos un cóctel listo para beber on the go», explica Miguel Arbe, argumentando la elección del recipiente de vidrio. Como antaño, la devolución de la botella (y la reducción de basura que ello implica) tiene premio: «Si nos la devuelves, descontamos 50 céntimos de la próxima compra». «Hemos elegido embotellarlo porque es el método que mejor preserva las cualidades organolépticas del cóctel, teniendo en cuenta que no será servido por un profesional», explica. El Bordello Punch se elabora con Tequila reposado 100% agave, vermú rojo español, licor de hierbas gallego, sirope natural de piña, una solución cítrica y CO2.

Chupichupas: el burmar flash del cóctel

Domingo González y Pablo Mosquera son mentes inquietas y conocen bien a su clientela. Los retos fluyen cada fin de semana en el Bora Bora Tiki Bar de Viveiro. El último, surgido en plenas restricciones impuestas por la pandemia. ¿Y si hubiese chupitos para llevar? Pues ya los hay: los Chupichupas.

«Hemos cambiado nuestros habitos casi por completo. Lejos quedarán ya esas fiestas salvajes universitarias en las que todos bebían de la misma botella», reflexiona Mosquera. «Nosotros buscamos que nuestros clientes puedan disfrutar de sus chupitos preferidos de una manera amena y divertida», explica. «Se sirve congelado, pero al contacto con la temperatura humana se vuelve gelatina, ideal para rechupetear y recordar la infancia, aunque no es juego de niños, porque son mezclas alcohólicas y hay que tener responsabilidad», afirma. Su compañera Itziar Teso envasa al vacío dos centenares de estos chupitos cada hora.

«Las mezclas son infinitas, pero nos hemos decantado por estas cuatro: Blue (ginebra, curaçao blue), Piruleta (licor de almendra, granadina, lima), Café 43 (café, licor 43) y A Gordiña (mango mixer, ron, licor de menta y limonada)», enumera.

«Al ser una golosina de bolsillo, las kilocalorías son mínimas, al igual que su graduación alcohólica», concluye.

El hípster: El cliente lo completa en casa fácilmente

Xalo Muñiz guarda una perfecta comunión con los tabernícolas de la Taberna da Galera. Ya en los primeros momentos introdujo en su oferta la coctelería, una de sus pasiones. El Hípster, una versión del Moscow Mule con sirope casero, siempre estuvo ahí. Aguantando el tipo. Ahora, lo podrán degustar desde un tarro, como los de la mermelada.

«Ya lo teníamos en carta desde el principio, siempre ha triunfado porque es fresquito y fácil de beber», avanza el barman y propietario de la taberna.

«Se elabora con producto gallego, ya que se elabora con ginebra Vanagandr, lima, jengibre y ginger beer», explica mientras apunta: «Hay ingredientes como la lima y el jengibre que son digestivos. El punto gaseoso de la ginger beer hace que entre muy bien, como si fuese un Tom Collins y a la gente le gusta bastante».

«No se trata de una elaboración demasiado complicada. Se mezclan los ingredientes en el propio tarro, se cierra y se agita como si fuese la coctelera. Se le añade hielo, se rellena con el ginger beer, que se entrega aparte», aclara Muñiz. «Al llegar a casa, el cliente solo tiene que darle un último agitado con el hielo y rellenarlo con el ginger beer», concluye.

Cóctel en bolsas: Cualquier receta es posible

Santo Libre es el lugar en el que el brasileño Andrey Kusym Casas y el italiano Giona Barbetta generan un ambiente perfecto para degustar sus tragos. Sin embargo, muchos de sus clientes han preferido completar la experiencia llevándose algunos de sus cócteles a casa. Por eso, tras el confinamiento, Andrey decidió implantar este modelo de negocio, a punto de abrir su segundo local.

«Hemos creado el cóctel en bolsas después de haberle dado muchas vueltas a la cabeza en pleno confinamiento obligados por el covid-19. Ha sido uno de los resultados de la cuarentena», relata.

Al mismo tiempo, Andrey recibía varias consultas de clientes interesados en hacerse con sus bebidas cuando el bar permanecía cerrado. El reparto a domicilio o la recogida en el local parecía una demanda real. Y lo era. «Ahí se afianzó la idea. El cóctel tiene una durabilidad de siete días en nevera y es muy fácil de preparar en casa. Simplemente se necesita un vaso con hielo, se abre la parte superior de la bolsa y se quita la decoración, con unas tijeras se abre la propia bolsa y se sirve», explica. El cóctel de la casa es el Santo Libre (aunque Andrey Kusym apunta que cualquier receta es posible en el take away) a base de ron, zumo de lima, azúcar, hierbabuena, gengibre y ginger ale.

Como un refresco o en conserva

Los cócteles enlatados no son novedad. Hace años que las grandes corporaciones distribuyen sus combinados (mojitos, bourbon cola, Pimm’s, Destornillador...), como si de un refresco o una cerveza se tratase.

Pero Galicia se decidió ya en el año 2014 a darle una vuelta de tuerca. Fue de la mano de los bartenders Xaime Rodríguez Trigas, del Kubos de Lalín, y José Soto Soengas, del Casino La Toja .

Ese fue el escenario en el que, en el año 2014, en el marco del evento Degusta Solidariedade, presentaron su cóctel en lata. Entonces descartaron la lata de refreso y optaron por las de la conservera Garavilla. «Tratábase de recrear o contexto da Prohibición, e como se agachaban os cócteles para que non parecesen tales, de modo que utilizamos ese recipiente», explica Trigas.

Asume que, en ese momento, la elección fue principalmente estética, pero valora recuperar un formato similar para los take away, aunque trabaja sobre embotellados con la ayuda de su sobrina Tamara, química, para controlar los aspectos que influyen en la durabilidad.

«Aquel trago enlatado tiña a opción de levar á casa, tras sellalo coa máquina. Era un trago largo con base de xenebra e completado con ginger ale», recuerda. En su momento, se inspiraron en un clásico, el Mint Julep, que solía servirse en sus inicios en un vaso de cobre.

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