Lo que ocurre cuando te alimentas de productos «light»

Nos damos un paseo por el supermercado y analizamos siete productos bajos en calorías de la mano de la nutricionista María Muñoz. Las conclusiones: ni son más sanos, ni adelgazan y, muchas veces, cuentan con aditivos para aumentar su palatabilidad que son del todo nocivos para la salud


Light, fitness, digestive diet. Cada vez conocemos más términos para etiquetar a los productos enfocados a la pérdida de peso en medio de un sociedad que vive obsesionada con la imagen. Sin embargo, ¿sabes lo que implica que un producto cumpla estas características? En primer lugar es importante aclarar que si contiene más de cuatro ingredientes tendremos que hablar siempre de producto, no de alimento. Así que por mucho que la mona se vista de seda, mona se queda: nunca podrá ser más sano un producto que un alimento de por sí natural.

Lo que ocurre es que la industria alimentaria cada vez tiene más privilegios para catalogar a sus productos de todo aquello que no son. Según la nutricionista María Muñoz «un producto light siempre es un análogo de otro que no lo es. Solo debe implicar que tiene el 30 % menos de calorías que la primera versión». ¿Quiere esto decir que no engorda? Para nada. «No implica que tenga pocas calorías, o peor, que sea más sano». Pero como contar calorías no es lo recomendable a la hora de escoger los productos con los que vamos a cocinar, debemos acudir a su composición nutricional.Y aquí pinchan en hueso. «Cuando un alimento tiene que valerse de todo este reclamo publicitario haciendo alusión a toda sus bondades, algo esconde en sus ingredientes». 

Es más, en ocasiones, para obtener una textura o sabor similar se añaden componentes como el aceite de palma, que es una grasa transaturada, perjudicial a nivel cardiovascular o edulcorantes como el sorbitol, la sacarina o el aspartamo, que estimulan la hormona de la insulina, la cual favorece al aumento del apetito. Pero pasemos de la teoría a la práctica: nos hemos ido al supermercado y hemos seleccionado siete productos que, fácilmente, podrían estar en tu nevera. Los hemos analizado de la mano de nuestra experta y, el resultado es, como poco, sorprendente:

Mermelada light 

Tanto palabrerío deja ver que, básicamente, este tipo de mermeladas tiene de todo menos sabor natural. Encontramos en su etiqueta el término: fructosa. Y la nutricionista indica que «la fructosa que contiene es lo mismo que la sacarosa, o el también llamado azúcar, en cuanto a su asimilación».

Muchas veces las marcas juegan a poner nombres diferentes a productos similares. La solución más fácil que recomiendan los expertos es no buscar el sucedáneo a  un alimento insano que se consuma de forma habitual, sino sustituirlo por una opción más saludable. Las alternativas que nos propone Muñoz son muchas y variadas, tanto para los amantes del salado como del dulce: «Cocinar nuestra propia mermelada sin azúcar. Utilizar un plátano machacado sobre nuestra tostada, o extender aguacate, crema de cacahuetes o similares con fruta sobre ello». 

Queso fresco desnatado

La posición de la nutricionista resulta clara en este aspecto: «No hay ningún tipo de evidencia que relacione la grasa de los lácteos con un aumento de peso o problema de salud». Por lo que no resulta necesario hacer el cambio y perder con ello las vitaminas liposolubles, la saciedad que aporta el lácteo entero e incluso su sabor. Este último resulta muy importante para obtener adherencia: «La palatabilidad de un alimento es muy importante si queremos mantener unos hábitos saludables de forma permanente. Es decir, en este caso, priorizar una opción con una textura más agradable es imprescindible»

Gelatina light

Con este tipo de productos no solo resulta importante tener en cuenta que cuanto menos azúcar más edulcorante; sino que desplaza otros alimentos: «Su consumo relega el de otros alimentos más sanos como la fruta, altera la percepción del sabor y su dulzor artificial hace que no percibamos el natural de una pera». Es decir, no es beneficioso cambiar la fruta de postre por una gelatina light de diez calorías. Es más, en muchos casos estos productos hacen que la gente confíe en sus supuestas escasas calorías y abuse de ellos, haciendo que, al final, el consumo energético que obtengamos sea mayor.

Tónica zero

En este caso, el edulcorante del etiquetado vuelve a ser un problema.  «Debemos saber qué alimentos son sanos y cuáles no», y con esta información en mente, darnos el permiso de tomar un producto menos saludable de forma esporádica sin ningún tipo de cargo de conciencia.

Hay algo aún más preocupante. Según alerta la especialista, en este juego de etiquetas entra el papel de la salud mental: muchas veces, la presión que provoca tomar todo ligero genera una restricción que nos puede conducir hacia una cierta obsesión por lo que consideramos saludable, cuando en realidad no lo es».

Queso rallado light

Consumir un manjar en un solo alimento es posible. Por ello, cuando el queso entra en juego debemos intentar que tenga los mejores ingredientes posibles, que serán más fáciles de obtener cuando compramos la pieza entera y no la versión rallada. Respecto al ejemplo de la foto, María Muñoz señala que «para evitar el antiapelmazante, su segundo ingrediente que hace que el queso no se pegue, lo mejor es tener una cuña de queso en casa y lo despedazarlo nosotros mismos». Así obtendremos mejor sabor, mejor precio y mejor calidad.

Bebida de leche y zumo

Cuando tardamos más en decir el nombre real de un producto que en beberlo tenemos un problema si lo que buscamos es algo saludable: «Seguramente no lo llaman de otra forma por una cuestión de márketing». En este ejemplo buena parte de su composición es agua, leche y grandes cantidades de azúcar, « por lo que sería mucho más fácil y sano triturar fresas y leche». Además, tenemos que tener en cuenta que estos productos se crean a partir de un néctar o zumo concentrado de la fruta, así que no es ni saludable, ni saciante.

Flan light

Este tipo de productos son los reyes destronados dentro de los productos light. Todas las versiones de postres que tomamos alguna vez en casa de nuestros abuelos están lejos de ser un aliado de aquellos que quieren perder peso: «Todos sabemos lo que es un flan y conocemos sus ingredientes. No hay opción de hacerlo sano, así que no hay problema en tomarlo de manera esporádica en su versión más casera».

En definitiva, no busquemos imposibles. Si queremos comer mejor, debemos basar nuestra alimentación en fruta, verduras, legumbres, frutos secos y todo lo que podamos obtener en un mercado. Evita la comida plagada de eufemismos y ser consciente de todo aquello que ingieras.

Qué comer y qué no en la dieta del chiringuito

Laura G. del Valle

En la recta final del verano aún estamos a tiempo a hacerlo bien sin abandonar la sombrilla de Camy ni la clara de limón. Solo se trata de, si vamos a comer en la playa con frecuencia, utilizar (aunque sea un poco) el sentido común

En verano mutamos. Y nuestra alimentación con nosotros. Lo que en invierno es un sacrilegio en la época estival se convierte algo plausible. Nadie se escandaliza ante la estampa de ver a familias enteras chorreando sudor, cantando entre bocados de paella y comiendo ataviados con gorras de Pegaso. Sin embargo, esto aplicado a noviembre o diciembre sería una falta de decoro total: ¿quién se sienta en un restaurante tras pegarse una carrera matutina sin pasar por la ducha? ¿y quién canturrearía alrededor de la mesa el último hit de Rosalía?. Cosas del verano. Y de los chiringuitos. Esos que invitan al disfrute y al salvajismo sin que nadie les ponga un pero; lo cual puede llevarnos a confusión en materia de alimentación. Tanto tiempo cuidando nuestra dieta para, de golpe y porrazo, dar al traste con los buenos hábitos día sí y día también entre las tentaciones propias de los restaurantes de playa. Para empezar porque en la mayoría de ocasiones no comemos de plato, sino de raciones, lo que nos hace acabar como Dinio por las noches con las cantidades: confundidos. Y para terminar, porque el relax y la jarana hacen que nos permitamos licencias que, de ser continuadas, pueden pasar factura. Así que vamos a intentar, de la mano de nuestra nutricionista Belén Suárez Catrain, separar el grano de la paja.

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