Una princesa rusa casada con un duque francés y acusada, como delito mayor, de ser infiel a su marido; una suegra tan beata como maquiavélica, y un juicio en el que estas dos mujeres buscaron la custodia de los hijos del matrimonio tras la muerte de aquel. A las puertas del siglo XX, viejos códigos morales y los que empezaban a asomar la cabeza se enfrentaron ante el tribunal y los lectores de la prensa europea, también los de La Voz
Jesús Flores