El Visa fue un modelo calificado como «feo», que fue mejorando con el paso del tiempo, con la segunda serie y la aparición de versiones deportivas. Juan Carlos Arias ha recuperado dos tesoros de la marca francesa en Celanova, una de ellas procedente de Tarragona.
Miguel Ángel Buitrago adquirió en Cataluña una unidad matriculada en Córdoba del Seat 124 Sport, que ahora rueda por las carreteras ourensanas. Fue el coche familiar de su infancia.
José Emilio Rodríguez Sanmiguel conserva en Celanova un mk1 matriculado en 1984 con solo 25.000 kilómetros, que compró un vecino de la zona emigrado en Francia y circulaba únicamente los veranos.
José Jorge González va por su tercer R-4, que utiliza por carreteras y por pistas y que le sirve como turismo o furgoneta en la Baixa Limia ourensana. «Vale para todo», asegura.
Juan Recimil conserva unidades exclusivas tras muchos años de trabajo en su taller, que fue de su padre en su día. Destacan varios Mercedes, como un «Pontón» de 1956, o un Citroën 15 Six de 1952, que fue a buscar a Francia y vino a Galicia rodando.
Muchas unidades que fueron vehículos mortuorios son reformadas para uso lúdico, comercial o colección. Algunas están muy buscadas. Otras se conservan con mimo en garajes de Galicia simplemente por una cuestión sentimental.
El BMW 318 is y el Lancia Delta HF Integrale tuvieron versiones de carreras que se alzaron con numerosos campeonatos en todo el mundo. Son unidades muy buscadas.
La publicidad de la época anunciaba un coche confortable y silencioso que alcanzaba los 160 kilómetros por hora con comodidad y presumía de un mantenimiento reducido con gran equipamiento. Fue de los últimos Talbot antes de la desaparición de la marca de origen inglés
Era un coche muy poco habitual en la España de la época, caracterizado por sus líneas rectas y los elementos de seguridad que incorporaba, que lo hacían destacar sobre la mayoría de sus competidores
Para la familia Villar de Ourense ha sido un sueño. Recuperaron el coche paterno de la infancia para disfrutarlo. Miguel y Belén rescataron una unidad que ahora incluso conduce el hijo de uno de ellos, Pablo. Un modelo galo que medio siglo después regresa a la familia y recorre espacios ya conocidos.
El ourensano Manuel Álvarez disfruta reparando motocicletas y atesora , entre otras clásicas, una Harley de 1942 y una Indian de 1947. Dos auténticas bellezas.